sábado, 16 de mayo de 2026

LA VENTANA




                         LA VENTANA

Aquella vieja terraza descascarillada resultaría el lugar perfecto para matarlas. Tan solo tenía que ser previsor, siempre salían al caer la noche, para que nadie las pudiera descubrir, y su comportamiento era por más predecible. Le sería fácil reducirlas; nunca les tuvo miedo como otros, ni siquiera repulsión. El gran problema era que desde el Casino se abría una gran ventana, ya desvencijada, hacia la terraza,  y este hacía años que se encontraba en estado de abandono, por lo tanto ellas habían podido entrar y salir de este a sus anchas durante mucho tiempo.  Pol, quería remodelar toda la casa, y  allí arriba era donde  se ubicaba el mayor punto de entrada de luz . La terraza daba a un patio bajo que distribuía todas las estancias, y desde el cual se veía también sobradamente la puñetera ventana. Un chico joven, con tantas lecturas de novela negra en sus gafas, odiaba aquella asquerosa obertura a su intimidad de por más, y sabía que todo intento de tapiarla, por parte de su difunto tío,  había sido infructuoso. Medio pueblo había sido socio del Casino,  pero ahora, ni el mismísimo alcalde,  que llevaba catorce años en su puesto, quería solucionar el tema. No se sabía con certeza, que había sido antes si la terraza o la ventana, y por las fechas de construcción de la vivienda, en la escritura, la cosa quedaba empatada respecto al alzamiento del Casino. Ambas edificaciones eran más  que centenarias.  Volviendo al asunto de las muertes, porque Pol, tenía claro, que ya que se ensuciaba las manos, iba a ser a lo grande, pensó que lo mejor sería el veneno, ya lo habían intentado con trampas, pero, las mugrientas bichas se las sabían todas. Habían aprendido la lección durante los intentos vanos de deshacerse de ellas de su tío Julio. Si una de ellas moría las otras se colocaban a su alrededor para averiguar las causas, de una manera más que eficiente, aplicando una posible corrección genética en la siguiente generación,  eso era poder de adaptación y lo demás eran tonterías.  Llegó la noche ideal para perpetrar la matanza y Pol distribuyó grandes trozos de queso por el suelo, que a la luz de la Luna llena lucían todavía más apetitosos; en contra de lo que había ideado en principio no contenían veneno alguno. Su última opción había sido una escopeta de perdigones, dispararía en consecuencia al odio que lo poseía. Mas, ¿Qué le habían hecho las pobres bichas sino existir?

Por lo visto, el aroma a queso hizo su papel, y cuando las ratas comenzaron a bajar una por encima de otra, a  ver cual llegaba antes al mana,por la ventana, Pol disparó sobre ellas a diestro y siniestro sin lógica ni miramientos. Las ratas chillaban,  corrían imparables con su roja mirada, hasta que su clamor se hizo uno, y fueron abalanzándose disciplinadas sobre el hombre que las mortificaba. Pol, sintió una y otra vez como los diminutos dientes de las bichas se le clavaban,primero el la piel, después en la carne, hiriéndolo, enrabiándolo de forma letal, muy dolorosa. Chillaban las unas, chillaba el humano deshumanizándose, hasta que simplemente quedaron los cadáveres y la sangre repartidos por la terraza, conformando una estampa repugnante, que nadie vería más que el Sol que los iría  secando.  


                                          Gema Blasco


 

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