martes, 15 de junio de 2021

LAS ROSAS

 

                                       Las Rosas

 

Somos catorce rosas, cada una con su aroma, con su forma de escribir. Nos respalda lo aprendido en los cientos de libros que leímos entre todas. A lo largo de nuestra vida hemos estado inmersas en mil situaciones, quizá fuera de nuestro alcance, gracias a estos. Pero lo que ahora estamos viviendo es una realidad tan hermosa como tangible. Formamos un equipo eficaz y bien avenido, que cumple sin miedo las consignas del Mundial de escritura. Este se organiza en Argentina, promovido por un escritor visionario, que gestiona una escuela de variopintos talleres literarios.

 Durante quince días hemos estado participando en el @mundialdeescritura. Trece textos creamos, de mínimo 3000 caracteres y máximo 4500. Hemos: escrito un email para luego no mandarlo; vaciado una casa de recuerdos; mostrado derrotas; elegido cinco libros y luego nos quedamos con uno solo de ellos; un hecho nos ha impactado; dirigimos de forma  apresurada nuestros pasos a un lugar para detenernos en brusco y cambiar nuestra vida; nos descubrimos a través de nuestros gestos, escribimos un diálogo a tres donde uno andaba descolocado; explicamos el porqué de la ruptura de una pareja; inventamos tres libros de autoayuda; viajamos entre tiempos y nos valimos de la enumeración para contar una historia. Sin embargo lo más hermoso de la experiencia ha sido compartir todos esos momentos con mis trece rosas.

La Buena Suerte y Rosa Montero, nuestra madrina intelectual, nos unieron.

Mis compañeras y yo nos encontramos gracias a la generosidad de esta gran mujer, periodista y escritora, que en los primeros tiempos de pandemia nos aportó ilusión con sus charlas en Facebook. A las siete de la tarde, todos los miércoles y sábados de las semanas de encierro. Fuimos miles los que la acompañamos, y nos dejamos aconsejar por su voz cargada de experiencia. Unos días nos hablaba de variados escritores, de sus logros. Otros nos hacían partícipes de los secretos de sus obras e, incluso, de sus intimidades.  Personas con sus valores, la verdad, hay pocas. Hasta nos sugirió ejercicios a cumplir, que como abejas laboriosas, muchas de nosotras nos lanzamos a ejecutar. Con su ayuda los escritos parecían inspirados por musas, llegaban en forma de epifanía, se apoderaba de nuestra consciente inconsciencia.

Por eso la acogimos entusiasmadas como nuestra entrenadora personal. Aunque estando ella siempre tan ajetreada, no queremos abusar, y hemos nombrado como segunda entrenadora a la encargada de nuestro taller de letras. La detective Naranjo es una mujer de innumerables recursos, que ha viajado por todo el mundo y comprende a la perfección nuestra singular naturaleza. Cada una, aparte de ser de su casa, es de una ciudad distinta, no obstante algunas coincidimos en autonomía y país. Las hay de Brasil, Argentina, México, Francia y España.

Empezamos nuestro recorrido en común con la publicación de En cuentos con rosa, una antología en dos volúmenes, Carmín y Chocolate, que reúne ciento sesenta y ocho relatos protagonizados por dos personajes; un antisocial obsesionado con las palomas y una seductora mujer que se pinta los labios de rojo, se arregla el pelo y se echa a dormir. Empero de entre esos desiguales textos sobresalieron treinta que fueron elegidos en un concurso ideado por nuestra hada mágica, Maru San Martín, escritora y periodista mexicana, que a día de hoy nos sigue apoyando y financiando de manera totalmente desinteresada. El resultado de esa nueva aventura fue Labios rojos, chocolate y una rosa. 

Las regalías de ambas obras están destinadas a las ONG: ACNUR y FAMILIES4PEACE. 

Escribimos por el mero placer de imaginar otras realidades, de crear nuevas esferas diegéticas. Nuestro trabajo consiste en ser unas mentirosas, bien creíbles.

En dos jornadas se conocerá el nombre de la campeona, vencedor del Mundial y yo apuesto por mis rosas, porque, sin duda alguna, siento que hemos alcanzado la gloria. ¡Somos autoras consumadas!  

 

#Zenda #SueñosdeGloria.

 

jueves, 28 de enero de 2021

NUESTRA HISTORIA


     Me debatía entre ser sincera o contaros un cuento, pues la verdad es que tuve muchos profesores malos y pocos maestros buenos, ¿pero qué serían los unos sin los otros? Al no poderlos comparar.
     Aunque ahora que lo pienso, hubo uno que destacó entre todos, por su empeño, sensatez y atractivo.
     Yo era una chica de dieciocho, que trabajaba por las mañanas y cursaba COU por las tardes, con el tiempo justo para estudiar por las noches, pues los fines de semana me los pasaba de fiesta, que era lo que tocaba y más durante los años de la ruta del bakalao siendo valenciana.
     Me encantaba la literatura, odiaba la física y sobrellevaba las demás asignaturas con más o menos dignidad.
     Él era un profesor treintañero, de ojos color miel, cabello castaño con raya al lado, dulce sonrisa y cuerpo intachable. Acababa de recibir un premio de poesía cuando se presentó a la clase y pletórico de orgullo nos animó a escribir unos versos, por eso de encontrar entre nosotros nuevos talentos a los que poder trasmitir su amor por las letras, a pesar de que tuviera que hacer horas extras fuera del horario escolar.
     He de decir que un principio no me lo tomé muy en serio, pero después de que algunos de mis compañeros leyeran sus textos en clase, me di cuenta de que mis relatos eran mucho mejores que los suyos, y decidí mostrárselos asolas, porque siempre he sido muy vergonzosa. Así fue como comenzó nuestra historia. Él reconoció de inmediato mi don y yo me dejé enseñar, aplicándome tanto en sus miradas como en sus métodos para mejorar mi expresión.
     En el último trimestre confirmé que estaba casado. Nuestras citas de los viernes por la noche acabaron mosqueando a su esposa, que harta de tantos escritos, se plantó un día en mi trabajo y me montó un numerito de novela.
     Jamás tonteamos, ni siquiera nos besamos, tan solo sentíamos admiración mutua. Aunque él era mucho mejor escritor que yo, todo un maestro, por eso le dio a nuestras clases particulares un final perfecto: Un hasta luego y nos volveremos a ver en las firmas, mientras te envío a formarte, reinventarte, con otra autora.
  

#Zenda    #MiMejorMaestro

MADRE

 

Justo ayer perdí a mi mejor maestra, pero no creías que fue profesora ni albergó vocación educativa alguna. Era una niña de noventa y tres años, que un tiempo, no tan lejano, había sido mi madre.

Tenía una caligrafía esbelta y elegante, que yo buscaba imitar y garabateaba sin conseguir su gracia.

Recuerdo bien la época de las primeras divisiones. Se le daban tan mal o peor que a mí, pero erre que erre ella me hacía descifrar el cociente con perseverancia, repartiendo las horas entre los deberes de casa y los que yo le imponía con mi torpeza.

Hubiera sido una buena antropóloga; conocía a todo hijo de vecino, sus características, anhelos y peculiaridades, porque se interesaba por la gente, sabía cautivarla con sus historias del pasado.

Vivir la guerra civil la marcó.  Aunque su hogar se encontrara en un lugar apartado de la mano de Dios. Más de una vez me contó como vio arder a los santos de la piedra, el día en que unos desdichados encendieron la iglesia. La misma que sirvió de escenario para su boda y mi bautizo tras las décadas pertinentes. Ella me enseñó con paciencia el Ave María y el Credo, para luego enumerarme, irónicamente, los muchos líos de faldas que había tenido don Miguel, el párroco. Era su forma de mostrarme la hipocresía del ser humano. Tan de Ciencias y Astronomía, tan de sucesos míticos y Astrología.

Sietemesina nacida bajo el signo de sagitario, malcriada como pocas, por padres, esposo e hija, se dejó querer mientras ofrecía su amor egoísta.

Como ella decía: «Siempre hice lo que tenía que hacer».  

Esa fue su mayor enseñanza.

 

#Zenda      #MiMejorMaestro

 


miércoles, 13 de mayo de 2020

NOSTALGIA



Siempre me ha encantado exagerar; por eso mismo afirmo que la nostalgia es una droga adictiva. La memoria tiene dos filos, es una arma blanca, qué te va haciendo hendiduras poco a poco, y corta por lo sano lo que realmente no importa. El pasado no siempre es mejor, y si miras hacia atrás demasiadas veces, resultará ser apocalíptico. Es cómo entregarse a una fría telaraña, cuando lo cierto es que hay que avanzar, llegar a una zona sin trampa ni cartón,  donde las vergüenzas  ya no importen.  Vivir sin influencias más allá de las neuras. Porque señores los espejismos no se enfadan , aunque sí preguntan sí sabemos de donde vienen. Y  a pesar de todo ello viajo a menudo al gran desierto;  en el puedo pasear por mis recuerdos.

miércoles, 8 de abril de 2020

QUIZÁ HÉROE





Héroe ¡qué bonita palabra! Tanto tiempo siendo un ser mundano y ahora resulta que por culpa de un virus, metemeencuerpos, soy uno de ellos. Uno de los elegidos para la acción y el sacrificio, uno de los más admirados del momento. Hasta la rancia de la vecina del cuarto me saludo en la escalera la última vez que nos cruzamos, eso sí desde una distancia considerable y llevando ambos nuestras mascaras de bandoleros, cómo las llama mi hija pequeña. Hace casi un mes que no me atrevo a abrazarla, ni a tocarle ni un pelo. Ella, su hermano y mi mujer son lo más importante para mí. Pero he de jugármela todos los días; salir a la calle, cuando la mayoría quisieran hacerlo y no pueden. No me importa caer enfermo, a pesar de ello tengo miedo, no quiero que por mi culpa se contagien los míos, que engañan al tiempo juntos, en un piso de apenas ochenta metros. Aunque sí, por otra parte sé que estoy haciendo una labor importante, y no porque ahora resulte obvio para todos, si no porque lo es, y durante estas semanas ha quedado claro.
Quizá te preguntes cuál es mi profesión, podría ser...Cualquiera, aunque no ha sido una de las más aplaudidas en las salidas a los balcones. Yo de carrera tengo la carretera y un traje de superhéroe un tanto especial: traje azul de camisa y pantalones con bolsillo grande sobre las perneras, botas de seguridad y un chaleco amarillo con sus franjas color plata reflectante para resaltar, cómo es debido y necesario, entre los comunes. Los de mi gremio comandamos los vehículos más temidos de las vías terrestres, tanto por su tamaño, cómo por su velocidad qué contrariando las leyes de lo deducible, es la menor entre los usuarios que transitan las áreas de asfalto. Por nuestra seguridad, por la de ellos. A menudo nos encontramos con muchos desequilibrados, que trastornan la correcta circulación; entonces procuramos que los guardas de lo civil les caigan encima, que los castiguen. Nosotros más que ningunos tenemos que cumplir las normas y por eso mismo queremos que sean respetadas. Y hablando de respeto, la gente que sigue al pie del cañón, últimamente está muy irascible, las cargas se espacian, los pedidos se retrasan y hay quien trabajo escondido, como en una especie de resistencia, pero en este caso contraproducente para la gran mayoría. Hay muchos con una venda en los ojos en vez de llevar mascarilla.
Yo por mi parte me armo de paciencia, intento empatizar, hacer mi labor lo mejor posible, pero la verdad, estoy deseando que termine la jornada para ir a casa. Ya no necesito salidas, tengo todo lo que quiero en el hogar.
De vez en cuando la madre naturaleza también necesita un descanso, hasta de mí.


#NuestrosHéroes  #Zenda
            

martes, 3 de marzo de 2020

LA MARQUESITA






Carcagente; tierras valencianas, 13 de junio de 1813.
Perdí mi virgo con veinte años; el mismo día en que realmente demostré mi nobleza.
 —Lo siento mucho, María Antonia, ojalá hubiera sido otra la elegida —me dijo mi padre. Aunque ambos sabíamos bien que había sido la única en consentir la compañía de aquel militar.
 El general Harispe era un hombre de buen porte, altivo y pertinaz en sus obcecaciones; cómo en la de pasar a cuchillo a mis conciudadanos.
Aquella campaña, por el levante español, lo estaba crispando. Echaba de menos los dominios del norte, donde había logrado sus mayores victorias y consideraciones, y lo que era más importante, no soportaba más el largo periodo de separación de su esposa, o al menos ese fue su principal argumento cuando pretendía convencerme para que yaciéramos juntos, a cambio de su indulgencia. 
Los soldados franceses que le servían, al igual que él, eran expertos en la guerra de sitio. En apenas una jornada habían cortado todos los caminos de huida de la población, tomando como prisioneros a los temerosos habitantes de esta y devastando a su paso cuanto se les antojaba.
La noche estaba al caer y, yo esperaba nerviosa la llegada del ducho estratega, en la habitación más lujosa de la casa de mis padres; que sin pretenderlo delataba nuestra posición nobiliaria. Mi padre, don Vicente Talens y Garrigues era el primero de nuestra familia en ostentar el título de marqués de la Calzada. Gracia que le había sido otorgada por su relevancia política y económica, pero ahora el dinero y las influencias de antaño poco importaban, los invasores cogían cuanto querían, sin atender a miramientos.
Las vidas de cientos de hombres, mujeres y niños dependían de mi comportamiento durante aquella vigilia forzada. Jean Isidor Harispe, entró demasiado sereno a la alcoba. Esperaba que las seis botellas de buen vino, que había aportado mi progenitor a la cena, para disfrute de los oficiales napoleónicos, él mismo y un par de amedrentados invitados, prohombres de la localidad, hubieran mermado sus capacidades, pero no; primero que nada se desprendió del fajín dorado que envolvía su cintura y, sin mediar palabra, continuo desabrochándose los múltiples botones de su chaquetilla, para quedarse cómodamente en camisa. Yo vestía un traje negro, fruto del luto por mi abuela materna, aunque muy a pesar mío con los pechos mucho más realzados de lo habitual, pendientes de desbordarse del escote al menor movimiento.
—Debo contaros un secreto, general —declare, con uno hilo de voz. 
—¿A qué adivino cual va a ser vuestra confidencia, mademoiselle? —dijo él socarronamente.
—No lo creo —conteste segura de mí misma.
—Mucha confianza trasmitís de pronto, ¿es qué no os impongo respeto? —La indignación comenzaba a hacer mella en él. Se notaba que era un ejemplar de poca paciencia.
—Por supuesto que os temo. —En aquella situación igualé el respeto al miedo, como era de esperar.
—Dejaros de tonterías —me increpó con dureza—. Si he de satisfacer alguna curiosidad sobre vos, lo haré a mi modo.
—En absoluto pretendo ofenderos, caballero. Estoy aquí para complaceros, y había pensado que os gustaría saber que desde hace tiempo me siento atraída por hombres mayores, como vos. En más de una ocasión, he imaginado, que al casarme, mi primera vez seria con alguien de vuestras características. Hasta vuestro acento francés me cautiva. —Claro está que por aquellas mentiras y lo que iba a acontecer, tendría que rezar muchos rosarios con posterioridad, pero mi madre me había estado aleccionando, a lo largo de la tarde, con unos cuantos consejos para acelerar el acto en lo máximo posible, y los pensaba aplicar.
—Jovencita, esto no es un juego. Eres muy atrevida de palabra, aunque no sé si estaréis a la altura en cuanto a hechos. —Cogió rápidamente mi mano derecha y la apretó contra su miembro viril— Debes rodearlo bien con tus dedos y hacer movimientos constantes hacia arriba y abajo, hasta que notes que parece una barra de hierro; con la que voy a marcarte las entrañas.
En ese momento mi endeble fachada se desmorono de lleno, y comencé a llorar entre gemidos, mientras intentaba ejecutar con acierto sus órdenes.
—¡Más aprisa, españolita, más aprisa! Ya casi toca introducirlo en tu sexo, pero primero tendré que probar la voluptuosidad de tus senos. —Se abalanzó sobre mí y desgarrándome el vestido, comenzando de inmediato a chupar y mordisquear mis pecho alternativamente—. ¡Juventud, divina juventud! Son dulces y firmes como dos peritas. ¡Deliciosas, irresistibles!
Entonces fue cuando, sin poder soportarlo; me abrí de piernas, para facilitarle la total posesión al profanador de mi cuerpo.
—¡Muy bien! Veo que si te está gustando. Finalmente eres una zorrita más, a pesar de tu linaje. —me dijo triunfante el general Harispe. Seguidamente se bajo los pantalones y calzones con premura, y hundía su falo dentro de mi concha.
—¡Aaah, aaah, basta! —grité invadida por el dolor, cuantas veces pude, hasta que aumentando la velocidad de sus embates, exhalando con ello un largo y gratificante suspiro. Para luego desparramarse en mí, tanto por dentro como por fuera.
Eran las dos de la madrugada, cuando por fin pude despegarme de su abrazo. Claramente estaba herida, aunque no me importaba la sangre que impregnaba mis entrepiernas. Sabía que mi sacrificio supondría la clemencia de los conquistadores y, jamás me sentí más orgullosa de mí mismo.

                                          

                                        Gema Blasco
  


#zenda #heroínas




lunes, 23 de diciembre de 2019

Lo típico








Me miró fijamente, sin comprender porque lloraba.
—Es Navidad —le contesté.
—¿No deberías estar feliz? —Clara es muy curiosa. Nunca se cansa de preguntar.
—Las personas que me daban ilusión se fueron.
—¿Entonces, yo no te doy nada?
—Claro que sí, tú me das dolor de cabeza  —conteste con el gesto cambiado,  de broma.
Desde entonces no ha vuelto a hablarme, y eso que ya acaba el año. Pero intuyo, que para Reyes, me va a perdonar.

jueves, 28 de noviembre de 2019

Precipicio










¿Para qué aprendiste a reír?
Si lo ibas a hacer de mí.
Comparte conmigo
una foto y,
te escribiré una novela.
Pues recuerdo sitios,
en los que no hemos estado.
¡Vamos! Sube al tren,
y seremos amantes
en un precipicio, precipitado.
Crearemos caminos
nuevos.
Sin ningún reproche
a cuestas.
Tú lo llamaras
abrirse,
y,
yo lo llamaré
mimetizarse.
Pero sencillamente
será desarmar.

¡Diablos!





Habrá que poner de moda las sonrisas.
Aun cuando,
con cada una de ellas,
nos acerquemos  más al cinismo.
Perdona mi ironía,
pero es que viene impresa
en mi forma de ver.
Por mucho que cambiemos
los cuentos,
la crueldad no va a dejar de existir.
Los malos siempre
encuentran un papel
en la vida.                 
Los buenos siempre
buscan la felicidad
en los otros.
Y yo sigo aquí,
haciéndome la misma pregunta.
¿Por qué quieres ser inmortal?
Si hasta el mismo Mefistófeles,
odia lo eterno.

Tengo una solución.
Mataré tus recuerdos y,
así serás reseteado.
Invadido por lo obvio.
Debes dejar que te ate.
El daño te hará más fuerte,
o, morirás de cierto.
La gente cómo tú
 suele hacerlo de aburrimiento.
Arriesga tu conciencia.
Sabes que no soy tan gusano,
como para acabar contigo,
sin un buen remedio.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

AMARILLO, VERDE Y AZUL

     
Confieso que me gusta hacer viajecitos, más de una vez a la semana. Lo peor de emprenderlos es la debida organización, lo sé, pero yo en ese aspecto soy muy meticulosa, no me gusta ver nada fuera de su sección. Día a día voy colocando cada cosa en su sitio, y así a la hora de la marcha todo es más rápido. A veces, sobre todo después de una celebración, se me acumulan tantas  trastos que ya no encuentro lugar para ellos y, me veo obligada a adelantar el viaje, o incluso a buscarme otro medio de transporte para llevármelos. Normalmente uso un carrito, ya que los trayectos son cortos. Pero lo mejor de todo es la satisfacción que encuentro con ellos. El punto final del recorrido suele estar repleto, es muy céntrico, y eso se nota, aunque aquí una servidora siempre encuentra un hueco para darlo todo. Al fin y al cabo para eso me desplazo hasta allí, y las veces que haga falta, con tal de cumplir con mi deber de ciudadana del mundo.  

Las zonas de reciclaje deberían ser un viaje obligatorio para todos; papel o cartón, aceites, vidrios y plásticos, tienen que pasar de útiles a reaprovechados.    




#zenda  #viajessostenibles