sábado, 16 de mayo de 2026

LOS SILENCIOS DEL BOSQUE



                         LOS SILENCIOS DEL BOSQUE

Una piedra encima de otra conformaba la casa, tejado de pizarra y ventanas de liso tablón. Visión opaca la de la noche, neblinosa la del día, la arboleda, de robles y acebos a la par, se pegaba a los cristales como alma única que busca algo fuera de su lugar. Frente al hogar el valenciano,  yo y la perra, que desde que habíamos llegado a ATrigueira parecía que ya no sabía ladrar. Pequeña y esponjosa como era, se camuflaba entre la cortadeira de los caminos,  aparecía y desaparecía tal santa compaña que, de veras, no llego nunca a presentársenos. El río Deza era nuestro vecino,  ladera abajo se retenía en una charca que nos invitaba a nadar en sus aguas, pero el frío acudía a nuestras mentes nada más pretenderlo. Era bello el paisaje, agreste y empecinado en no aparentar. Solo el viento en su caprichoso trasegar  lo conquistaba en verdad,  porque ningún,  ninguno de los seres de Dios que pueblan la tierra lo habitaban más que el hombre y sus apéndices animales.  Lobos, corzos,  jabalíes, truchas, zorros y águilas por no mencionar demás criaturas salvajes hacía décadas que habían abandonado aquel paraje de la Sierra do Candán; las minas y sus trabajadores con noes y síes los habían obligado a emigrar. Aunque, años a,hace que los mineros también  marcharon, malditos  por la falta demás entrañas que sacarle al monte. Profundizamos en una de las galerías abandonadas por eso de tener algo extraordinario que contar; no hubo miedo que afrontar, no crujió ninguna vigaal paso, no vimos jaula de canario ni vivo ni muerto; el haz de luz de nuestras cabezas tan solo enfocó roca huérfana y soledad. Daba lástima la tierra tan fría y vacía.  Una de las veces fuimos en busca de la fervenzas do rego, cascadas de riego,  de las antiguas minas; parecía que estábamos cerca, con ello, nunca llegábamos, no sabíamos si estas se acercaban o alejaban, inclusopensamos que era cosa de traviesas meigas, y a pesar de que su rumor sí se oía,  cosa extraña en tal enclave, no las encontramos y cambiando con el devenir nuestro parecer fuimos hacia la albariza más cercana, ahí sí llegamos en un suspiro, casi por magia. Su forma circular y sin puertas daba que pensar, ahora bien, si estaba pensada para que los osos no pudieran robar la miel de las colmenas de abejas que habían en su interior,  era lógica tal construcción, yo tampoco pude entrarle, y eso que lo intenté, empero el musgo se agarraba terco a la piedra y me hacía resbalar,  tal vez le habían pagado los apicultores con un extra de humedad. Las abejas tampoco zumbaban,  es más, no se veían tan lejos y cerca de nuestras miradas.  Otra cosa era cuando tocaba salir con el coche, nada más arrancar me quedaba frita por el cansancio, se me cerraban los ojos con una escozor preocupante; quisiera ver o no como el bosque se abría poco a poco con los kilómetros mis sentidos se negaban a darme tal regalo. En Zobra, la primera aldea que nos topábamos en la carretera, porque a pueblo no llegaba, nunca vimos habitantes, sin embargo,  perrazos locos sí lo habitaban. Acompañaban nuestro paso con intentos  de mordidas a las ruedas del Ford,  que más alto que bajo los embestía con cuidado de no dañarlos por deferencia del conductor, mi marido, claro, yo andaba en esas todavía entre el sueño y el quebranto de la amenaza, ¿serían hombres cánidos gallegos? Porque tamaño normal no tenían en su mayoría,  y digo verdad. Aprovechábamos las salidas para comprar alimentos en sitios singulares: quesos en una guarida, aparentemente, de hobbits; orujo en un pazo maldito;  dulces en una lechería,  pescado fresco en una,  antaño, ermita marinera; suvenires manufacturados por monjas en una sacristía;vieiras del camino al Santiago Compostelano, olvidadas por los peregrinos,  en un foracho o sea venta rural, por preferencia.  Ahora,  lo que era fuerte era lo de nuestro anfitrión.Él fue el que nos  contó,  como quien no presume,  que todos los años le encargaba la crianza de un cerdo a una lugareña de Lalín y con este aguantaba hasta la próxima matanza, yo pensaba que eso ya no se hacía,  pero,vete tú a saber como si no hubiéramos probado la omnipresente “zorza”,recurrente en todos los menús galleguiños. El susodicho cuando iba a comer mariscos,  no lo hacía a lo tonto, se reservaba su buena mesa en la cofradía de pescadores y hasta que él y sus siempre contentos acompañantes no vaciaban la mar anexa a la cocina, no paraban de comer, si a eso no se le llama devorar. Yo hubiera preferido consumir las horas de sueño que pertenecieron a aquella semana  en la Galicia profunda, no obstante,  el silencio del bosque no me dejó dormir.

 

Gema Blasco

LA VENTANA




                         LA VENTANA

Aquella vieja terraza descascarillada resultaría el lugar perfecto para matarlas. Tan solo tenía que ser previsor, siempre salían al caer la noche, para que nadie las pudiera descubrir, y su comportamiento era por más predecible. Le sería fácil reducirlas; nunca les tuvo miedo como otros, ni siquiera repulsión. El gran problema era que desde el Casino se abría una gran ventana, ya desvencijada, hacia la terraza,  y este hacía años que se encontraba en estado de abandono, por lo tanto ellas habían podido entrar y salir de este a sus anchas durante mucho tiempo.  Pol, quería remodelar toda la casa, y  allí arriba era donde  se ubicaba el mayor punto de entrada de luz . La terraza daba a un patio bajo que distribuía todas las estancias, y desde el cual se veía también sobradamente la puñetera ventana. Un chico joven, con tantas lecturas de novela negra en sus gafas, odiaba aquella asquerosa obertura a su intimidad de por más, y sabía que todo intento de tapiarla, por parte de su difunto tío,  había sido infructuoso. Medio pueblo había sido socio del Casino,  pero ahora, ni el mismísimo alcalde,  que llevaba catorce años en su puesto, quería solucionar el tema. No se sabía con certeza, que había sido antes si la terraza o la ventana, y por las fechas de construcción de la vivienda, en la escritura, la cosa quedaba empatada respecto al alzamiento del Casino. Ambas edificaciones eran más  que centenarias.  Volviendo al asunto de las muertes, porque Pol, tenía claro, que ya que se ensuciaba las manos, iba a ser a lo grande, pensó que lo mejor sería el veneno, ya lo habían intentado con trampas, pero, las mugrientas bichas se las sabían todas. Habían aprendido la lección durante los intentos vanos de deshacerse de ellas de su tío Julio. Si una de ellas moría las otras se colocaban a su alrededor para averiguar las causas, de una manera más que eficiente, aplicando una posible corrección genética en la siguiente generación,  eso era poder de adaptación y lo demás eran tonterías.  Llegó la noche ideal para perpetrar la matanza y Pol distribuyó grandes trozos de queso por el suelo, que a la luz de la Luna llena lucían todavía más apetitosos; en contra de lo que había ideado en principio no contenían veneno alguno. Su última opción había sido una escopeta de perdigones, dispararía en consecuencia al odio que lo poseía. Mas, ¿Qué le habían hecho las pobres bichas sino existir?

Por lo visto, el aroma a queso hizo su papel, y cuando las ratas comenzaron a bajar una por encima de otra, a  ver cual llegaba antes al mana,por la ventana, Pol disparó sobre ellas a diestro y siniestro sin lógica ni miramientos. Las ratas chillaban,  corrían imparables con su roja mirada, hasta que su clamor se hizo uno, y fueron abalanzándose disciplinadas sobre el hombre que las mortificaba. Pol, sintió una y otra vez como los diminutos dientes de las bichas se le clavaban,primero el la piel, después en la carne, hiriéndolo, enrabiándolo de forma letal, muy dolorosa. Chillaban las unas, chillaba el humano deshumanizándose, hasta que simplemente quedaron los cadáveres y la sangre repartidos por la terraza, conformando una estampa repugnante, que nadie vería más que el Sol que los iría  secando.  


                                          Gema Blasco


 

EL RAPERO TIGRE


 






EL RAPERO TIGRE


Los vecinos me decían qué bestia, y yo les contestaba que qué más daba, a la próxima les invitaría a la juerga. Todos conocían mi forma de celebrar; micro en mano les daba primicia de los que iban a ser mis nuevos éxitos, sin que ellos le sumarán obviedad al banquete de comida foránea y estupefacientes variados. Convenía aparentar que mi vida era tan normal como la suya, y ahí les juro, que de igual manera los bien nacidos mentían.

Cayó martes aquel día, en que salí a la calle y Dios me miro gris desde su cielo. Hubiera sido mejor ponerle correa a lo salvaje, aunque,  el instinto no sabe de jaulas. Quería pollo pa comer y fuimos a un Chiken, la pibita que atendía me miro vicioso y, carente de preferencias, la invité a mi carro. Ella gozó, yo la dejé mimarme; hasta los asientos de piel quedaron guarros.  Y como la tarde aún iba pa largo seguí con la invitación y se vino a mi departamento del centro; allí estaba a salvo, no sólo mordía mis verso.

《Si la vida es fiera, yo le rujo de vuelta 》.

El juego siguió con el mismo vicio, entre risas, comida rica y bebidas fuertes.Después de que la Luna nos saludara, la piba se quedó en una esquina de la cama y este lírico se fuepa su casa buena; mi bestia no lleva bien que no le dé de comer.

Con 24 años y un estudio en el sótano, la noche era mía, llegó la inspiración:

《Tengo un tigre en el cuarto y otro en el pecho, uno me cuida el sueño, el otro me cobra el precio 》.

La alarma sonó sin avisar como de costumbre y de repente los chicos ya estaban abajo dándome la mala noticia.  La chava, la piba, la tipa rubia del restauran de pollo, se había pegado a nosotros, no sabían en qué vehículo, y en vez de tocar al timbre pa reclamar lo que quería, saltó la tapia y mi tigre, mi Verso la había enganchado. ¡Vaya chingada no más! Menos mal que la fiera ya había ingerido su dieta cumplidamente.

Sin buscarlo,  aprendí  que la fama tiene sus trampas. Pa que no se me cerraran puertas, le di guita a la piba y lleve a Verso a un santuario de animales. Todos los meses, me permito sí o sí ir a verlo, le doy carnaza y me quedó mirándolo rato largo mientras le canto; Verso, entrecierra los ojos y se pone panza arriba.Ahora, su rugido de bienvenida es el de una bestia.

《Canta, tigre, versa, que tuyo es mi corazón 》. 

 

 

                                   Gema Blasco


ADIÓS A LA TIERRA


 


                                                          Adiós a la tierra

 

Ese fue el ayer: un cielo abierto y unas suelas manchadas de barro, los brazos de la camisa arremangados y un sombrero de paja sobre la cabeza. Llevaba retazos de sueños pegados al pelo y los ojos perdidos en la costumbre, el cinturón ceñido a la piel y las perneras del pantalón sueltas por vergüenza. Una cruz a la espalda y sones de melancolía lo acompañaban, rodeado de tierra fértil y, al mismo tiempo, baldía.

Se contaba cuentos para no desesperar, preso de una incierta necesidad. Colgaba sus esperanzas en el campanario del pueblo, porque desde allí se alcanzaban las mejores vistas, esas que lo llevaban lejos sin caminar. Le habían dicho que el horizonte era impreciso, que todo dependía de las ganas que uno tuviera de marchar.

Dejaría una casa ajena y un jergón que le era extraño. Buscaba  que el rocío del alba lo cubriera al despertar. El camino no tenía más música que el crujido de sus pasos sobre la escarcha. Las pequeñas aldeas por las que pasaba parecían decorados mal pintados, con sus tabernas de humo rancio y sus ventanas cerradas a cal y canto. Aprendió que la distancia no se mide en leguas, sino en las veces que uno se vuelve para mirar atrás y ya no distingue lo que le es familiar. Comprendió que los miradores elevados son engañosos: desde arriba todo parece alcanzable, pero el mundo, a ras de suelo, es un laberinto de zanjas. Una tarde, en una venta de paredes descascaradas, oyó hablar de la ciudad. Decían que allí los hombres vendían su tiempo y conseguían un reflejo. Sonrió con ganas y se moldeó una máscara. El acto de funambulismo comenzaba. Si existía un lugar para él, estaba dispuesto a creer por creer, como se cree en los cuentos que uno mismo se cuenta.

 

Gema Blasco ✍️📷

 

#cuento  #escritura #literatura #relato #gemaBlasco

CAYENDO


   


                          CAYENDO

                                                                                      

Tijeretazo a tijeretazo iban cayendo las cabezas. El rostro de Carlos se precipitaba fuera de la orla común de la facultad de derecho, del flaco álbum de novios, con mayor recorrido, del retrato nupcial que presidía el salón y, cómo no, de las fotos de casados. Andrea mutiló, incluso, las imágenes en que su absurdamente rejuvenecido marido sostenía en brazos a Alfonsito. ¿Convendría seguir infantilizándolo ahora que él iba a ser el hombre de la casa? Aunque, para poder desempeñar ese papel, debería finalizar de una vez por todas sus perennes estudios en Reino Unido y regresar a la soleada Montevideo.¿Cómo se tomaría que su padre fuera a sustituir la valiosa intimidad conseguida con los años por los besos de una chica de su misma generación Z? Una impertinente que hasta el momento le había amontonado los dosieres sobre la mesa del despacho. Sí, Andrea lucia cada veinte días las leves canas de los cuarenta y tantos, pero, seguía muy en forma, impartiendo tres veces por semana clases de tango; no se le habían acabado las ganas de amar. Por eso mismo, decapitaba apasionadamente a su esposo, poseída por el rápido ritmo de la milonga del infiel que en aquel trance asaltaba su vida.
 

        Gema Blasco

 


martes, 21 de diciembre de 2021

LA IAIA I EL MOLÍ




 Sense moliner no hi ha vila», deia la iaia Teresa...S'equivocava. Però al molí, ella, era l'ama de la raó, de la llar i la butxaca. Els privilegis dels reis pertanyien a la història, i els antics arrendataris forasters formaven part del rebuig del torn. La nostra família havia tirat arrels a aquest lloc únic, envoltat pels camins de la serra, amb les seues penyetes arredonides pel temps; a un poble beneït per Sant Vicent Ferrer, què al terme hi té ermita i calvari.

Aquella dona, quasi sempre amb les mans enfarinades, sovint feia coquetes d'aladroc per dinar, com si no res, encara que per nosaltres eren un delit. Baix l'ombra de la figuera menjàvem, acompanyant-les de vi més que rebaixat, i aleshores, a la tarda en el berenar, bevíem llet amb corfetes de llima, què havia estat refredant-se a la basseta, amb molletes de pa acabat de fornejar. El so de la ràdio s'ajuntava a l'omnipresent remor de l'aigua que provenia de la Font Jordana, i fins i tot amb la panxa plena donaven ganes de ballar. El meu germà i jo rodàvem i saltàvem divertits, juganers, com si fórem les moles de l'almàssera; d'una volandera i l'altra sotana. Els menuts no enteníem de feina, encara que sí de blat, arròs i panís , ella ens ensenyava a distinguir­­-los, no fos que algun dia volguérem continuar la seua tasca. I en això no s'equivocava.


                                   Gema Blasco

 

DESASOSIEGO


 

Llaman al timbre, me estremezco, no sé si abrir, puede que sea el repartidor con la cena, o no. Dirijo mis pasos hacia la ventana, miro por ella, parece no haber nadie, sin embargo estoy seguro de que han tocado al menos tres veces. De pronto se oye la alarma de un coche, mi corazón se acelera. Corro al sótano, me encierro en este, aspiro el pútrido olor a humedad. Tengo náuseas, pero el vomito no llega, no he comido nada desde esta mañana. Apenas tengo fuerzas, los tres días de convalecencia en el hospital no han sido suficientes para recuperarme. Vuelve a sonar el timbre, cada vez con más persistencia. Alguien aporrea la puerta mientras repite mi nombre en alto. Está demasiado lejos para identificar su voz, a pesar de ello creo distinguir que es un hombre. Me quedo más tranquilo. Es imposible que Berta sea tan retorcida como para haber escapado, aunque tampoco la creía capaz de apuñalarme. Decido salir, habrá que hacerse el valiente.

—Tranquilo, soy yo.

—Eso dijo ella.


                                                                      Gema Blasco

TÚ, BLANCA DE LAS NIEVES


 

Desconfiaste de la manzana al morderla, su extraño aroma te turbo. Ahora caes en la cuenta de que olía a almendras, como algunos venenos. Tu cuerpo yace en el suelo, medio muerto, aunque consciente. Oyes el insistente sonido del móvil, ya no te parece tan original el canto de los pajarillos que elegiste como tono. Piensas en tus siete chicos, podría estar llamándote cualquiera de ellos, te gusta cambiar de físico y carácter en cuanto a hombres, cada cual tiene sus atributos y todos te resultan interesantes. Impotente rememoras como ella solía llamarte pendón por ello, mientras tú alegabas que en estos tiempos ser promiscua es un plus. Aseguras que cuanta más experiencia tienes más se te valora, de ahí tu éxito con el sexo contrario, incluso con el propio, aún saboreas los besos de Aurora. Vuestra relación surgió durante los meses de Erasmus en Francia, y todo gracias a la gestiones de Grimhilde para sacarte de su vida. Ella reniega de ti, te odia, la haces embeber pura envidia que como una pócima maligna la va envejeciendo cada día más, por eso presa de su perversa naturaleza ha tomado la determinación de acabar contigo; tú la estabas matando.

 

                                      Gema Blasco

EN LAS NUBES





Siempre llegas a hora, aseguras que desde tu escondite puedes ver nuestra casa, y así sabes cuándo marché o arribo. Que sentada en este muchas veces observas el patio de tía Filomena y a tus primos, pero la corajuda mujer heredó los terrenos en la parte opuesta del pueblo. La casita de juegos de la plaza queda lejos de todo y el umbral de la iglesia da la espalda a los domicilios de sus vecinos. Poco queda ya por nombrar que no sean calles ondulantes y estrechas, el antiguo lavadero de al lado del río y aquella empresa de quesos artesanos que cerró por falta de operarios. Aquí la gente tiene que aguantar inviernos muy helados y estíos frescos; pronto te acostumbrarás. Detrás de octubre viene noviembre, y entonces suelen comenzar las nevadas. Nieva casi hasta cubrir los ánimos, porque los caminos quedan cerrados. El aislamiento se hace patente y, lo bueno, será que no tendrás que ir a la escuela. Yo mismo te haré de maestro. Sé que aprender a leer es laborioso, a pesar de ello, le tienes que poner empeño; no puedes pasarte los días en las nubes. Comprendo que soñar es bonito, no obstante es importante tener los pies en la tierra si no quieres sentirte sola. Una niña tan pequeña como tú necesita tener padres, y aunque nosotros no estuviéramos en el momento de tu nacimiento, ahora somos tu familia, y por propia elección, lo cual significa mucho; cuando seas mayor lo entenderás mejor.  

—¿Mayor cómo Severo o cómo Constantino? Él es más alto —me preguntas.

—Cuando seas tan alta como Severo sabrás no solo leer y escribir, también sumar y restar. Sumar es ir añadiendo, como cuando colocas un guijarro encima de otro y creas una pequeña montaña. Y restar es ir quitando, como cuando te comes las peladillas del tarro y cada vez van quedando menos —contesto sin contestar.  

—Así pues, sumar es hacer grandes las cosas y restar volverlas pequeñas, ¿verdad, papá Juan? —afirmas para mi admiración.

—¡Exacto, Lucia! —exclamo satisfecho. Aun sabiendo que me he vuelto a ir por las ramas. En ocasiones es necesario.

Te gusta subir a los árboles, igual que a mí. Las alturas nos rodean, quizá por eso buscamos retarlas. Una cumbre sí y otra sí nos observan de cerca, con los peñascos en abierto, la materia erosionada y su escasa vegetación rebelándose.

Pregunto travieso, de nuevo, dónde está tu escondrijo, y me sonríes juguetona, indecisa. No sabes si ellas aguantaran el peso que llevan los mayores sobre la espalda, son tan esponjosas como los sueños, y has escuchado a la tía Filomena tantas veces esa expresión que crees que lleva encima de su redondeado dorso un saco invisible lleno de grano. Sin embargo, ella suele doblar su espinazo con demasiada frecuencia para que sea realmente posible. Constantino la ayuda en las tareas propias de hombres: busca pastos frescos para las ovejas, carga la leña para cocinar y calentar el caserón y caza liebres.  Severo prefiere quedarse en la casa, alimentar a las gallinas, robarles sus huevos y trabajar el humilde huerto.

De improviso comprendes que no tienes por qué contarme tu secreto.

—¡Ven conmigo! —pides cogiéndome de la mano.

Te das cuenta de que es mejor que lo compartamos. Quieres contemplar mi cara al verte caminar por las nubes. Al llegar al pueblo descubriste que el cielo estaba a tu alcance. Tan solo tenías que saltar con ganas para poder pasear por su inmensidad. Mantenerte suspendida sobre la atmósfera resultó bastante fácil. Lo difícil, en un principio, fue no tener miedo de caerte, el firme resultaba traslúcido, excepto los días de lluvia, cuando las gotas condensadas de agua se volvían nimbus, oscuros y mullidos.

Arribamos al puente, me miras con tu especial sonrisa en los labios y señalas en dirección norte. Allí se encuentre el gran roble, tiene más años que tú y que yo juntos. Cruzas la pasarela a la carrera, obligándome a seguirte de forma divertida y trepas ligera por el ladeado tronco. Voy tras de ti, entusiasmado por la sorpresa que te vas a llevar.

Mamá Lidia nos espera en el campo de cristales de hielo, es la época de su recolección. Ellos son la base de nuestro sustento. Mi abuelo me enseñó a preservarlos en esferas, y desde entonces que se las suministro a Santa por estas fechas, pronto pasará a por ellas en su trineo volador. A los niños les encantan. Tener un trocito de paraíso celestial no está al alcance de todos. 

                                                                Gema Blasco.  


#cuentosdenavidad         #zenda

miércoles, 21 de julio de 2021

ESCARNIO

 

Recuerdas con deleite la primera vez; sentías como la sangre de tu cuerpo bullía. Te fue muy fácil, quizá demasiado. No te importó pecar.  Deseabas perpetuarla con tus propias manos.

 A pesar de que todos la teman, piensas seguir a su servicio. Ella es la única digna de decidir quien queda y quien se va. Pero tú estás aquí para ayudarla. Su afilada "lengua" te sirve de arma a la hora de ofrecerle otras vidas.

Eres un maestro en tu viejo oficio. Desmiembras, divides, el fruto de tus atroces escarnios en porciones, que tu poco lucida y avara vecina convierte en alimento para otros desgraciados. Unas pocas monedas bastan para acallar su conciencia, junto a la de su marido, el enterrador del cercano cementerio de san Martín, que se encarga de dar sepultura a los despojos sobrantes.

Pero es cuestión de tiempo que todo se sepa, tu delito es en demasía sublime, a la vez que grave. Lleva implícita la búsqueda por parte de huérfanos, viudas y padres de los que ya no están con ellos. Entonces habrá quien te acuse de trastornado. Aunque tú prefieres que ser recordado como el barbero "asesino" del Cap i Casal, el amante de la muerte.  

 

martes, 15 de junio de 2021

LAS ROSAS

 

                                       Las Rosas

 

Somos catorce rosas, cada una con su aroma, con su forma de escribir. Nos respalda lo aprendido en los cientos de libros que leímos entre todas. A lo largo de nuestra vida hemos estado inmersas en mil situaciones, quizá fuera de nuestro alcance, gracias a estos. Pero lo que ahora estamos viviendo es una realidad tan hermosa como tangible. Formamos un equipo eficaz y bien avenido, que cumple sin miedo las consignas del Mundial de escritura. Este se organiza en Argentina, promovido por un escritor visionario, que gestiona una escuela de variopintos talleres literarios.

 Durante quince días hemos estado participando en el @mundialdeescritura. Trece textos creamos, de mínimo 3000 caracteres y máximo 4500. Hemos: escrito un email para luego no mandarlo; vaciado una casa de recuerdos; mostrado derrotas; elegido cinco libros y luego nos quedamos con uno solo de ellos; un hecho nos ha impactado; dirigimos de forma  apresurada nuestros pasos a un lugar para detenernos en brusco y cambiar nuestra vida; nos descubrimos a través de nuestros gestos, escribimos un diálogo a tres donde uno andaba descolocado; explicamos el porqué de la ruptura de una pareja; inventamos tres libros de autoayuda; viajamos entre tiempos y nos valimos de la enumeración para contar una historia. Sin embargo lo más hermoso de la experiencia ha sido compartir todos esos momentos con mis trece rosas.

La Buena Suerte y Rosa Montero, nuestra madrina intelectual, nos unieron.

Mis compañeras y yo nos encontramos gracias a la generosidad de esta gran mujer, periodista y escritora, que en los primeros tiempos de pandemia nos aportó ilusión con sus charlas en Facebook. A las siete de la tarde, todos los miércoles y sábados de las semanas de encierro. Fuimos miles los que la acompañamos, y nos dejamos aconsejar por su voz cargada de experiencia. Unos días nos hablaba de variados escritores, de sus logros. Otros nos hacían partícipes de los secretos de sus obras e, incluso, de sus intimidades.  Personas con sus valores, la verdad, hay pocas. Hasta nos sugirió ejercicios a cumplir, que como abejas laboriosas, muchas de nosotras nos lanzamos a ejecutar. Con su ayuda los escritos parecían inspirados por musas, llegaban en forma de epifanía, se apoderaba de nuestra consciente inconsciencia.

Por eso la acogimos entusiasmadas como nuestra entrenadora personal. Aunque estando ella siempre tan ajetreada, no queremos abusar, y hemos nombrado como segunda entrenadora a la encargada de nuestro taller de letras. La detective Naranjo es una mujer de innumerables recursos, que ha viajado por todo el mundo y comprende a la perfección nuestra singular naturaleza. Cada una, aparte de ser de su casa, es de una ciudad distinta, no obstante algunas coincidimos en autonomía y país. Las hay de Brasil, Argentina, México, Francia y España.

Empezamos nuestro recorrido en común con la publicación de En cuentos con rosa, una antología en dos volúmenes, Carmín y Chocolate, que reúne ciento sesenta y ocho relatos protagonizados por dos personajes; un antisocial obsesionado con las palomas y una seductora mujer que se pinta los labios de rojo, se arregla el pelo y se echa a dormir. Empero de entre esos desiguales textos sobresalieron treinta que fueron elegidos en un concurso ideado por nuestra hada mágica, Maru San Martín, escritora y periodista mexicana, que a día de hoy nos sigue apoyando y financiando de manera totalmente desinteresada. El resultado de esa nueva aventura fue Labios rojos, chocolate y una rosa. 

Las regalías de ambas obras están destinadas a las ONG: ACNUR y FAMILIES4PEACE. 

Escribimos por el mero placer de imaginar otras realidades, de crear nuevas esferas diegéticas. Nuestro trabajo consiste en ser unas mentirosas, bien creíbles.

En dos jornadas se conocerá el nombre de la campeona, vencedor del Mundial y yo apuesto por mis rosas, porque, sin duda alguna, siento que hemos alcanzado la gloria. ¡Somos autoras consumadas!  

 

#Zenda #SueñosdeGloria.

 

jueves, 28 de enero de 2021

NUESTRA HISTORIA


     Me debatía entre ser sincera o contaros un cuento, pues la verdad es que tuve muchos profesores malos y pocos maestros buenos, ¿pero qué serían los unos sin los otros? Al no poderlos comparar.
     Aunque ahora que lo pienso, hubo uno que destacó entre todos, por su empeño, sensatez y atractivo.
     Yo era una chica de dieciocho, que trabajaba por las mañanas y cursaba COU por las tardes, con el tiempo justo para estudiar por las noches, pues los fines de semana me los pasaba de fiesta, que era lo que tocaba y más durante los años de la ruta del bakalao siendo valenciana.
     Me encantaba la literatura, odiaba la física y sobrellevaba las demás asignaturas con más o menos dignidad.
     Él era un profesor treintañero, de ojos color miel, cabello castaño con raya al lado, dulce sonrisa y cuerpo intachable. Acababa de recibir un premio de poesía cuando se presentó a la clase y pletórico de orgullo nos animó a escribir unos versos, por eso de encontrar entre nosotros nuevos talentos a los que poder trasmitir su amor por las letras, a pesar de que tuviera que hacer horas extras fuera del horario escolar.
     He de decir que un principio no me lo tomé muy en serio, pero después de que algunos de mis compañeros leyeran sus textos en clase, me di cuenta de que mis relatos eran mucho mejores que los suyos, y decidí mostrárselos asolas, porque siempre he sido muy vergonzosa. Así fue como comenzó nuestra historia. Él reconoció de inmediato mi don y yo me dejé enseñar, aplicándome tanto en sus miradas como en sus métodos para mejorar mi expresión.
     En el último trimestre confirmé que estaba casado. Nuestras citas de los viernes por la noche acabaron mosqueando a su esposa, que harta de tantos escritos, se plantó un día en mi trabajo y me montó un numerito de novela.
     Jamás tonteamos, ni siquiera nos besamos, tan solo sentíamos admiración mutua. Aunque él era mucho mejor escritor que yo, todo un maestro, por eso le dio a nuestras clases particulares un final perfecto: Un hasta luego y nos volveremos a ver en las firmas, mientras te envío a formarte, reinventarte, con otra autora.
  

#Zenda    #MiMejorMaestro

MADRE

 

Justo ayer perdí a mi mejor maestra, pero no creías que fue profesora ni albergó vocación educativa alguna. Era una niña de noventa y tres años, que un tiempo, no tan lejano, había sido mi madre.

Tenía una caligrafía esbelta y elegante, que yo buscaba imitar y garabateaba sin conseguir su gracia.

Recuerdo bien la época de las primeras divisiones. Se le daban tan mal o peor que a mí, pero erre que erre ella me hacía descifrar el cociente con perseverancia, repartiendo las horas entre los deberes de casa y los que yo le imponía con mi torpeza.

Hubiera sido una buena antropóloga; conocía a todo hijo de vecino, sus características, anhelos y peculiaridades, porque se interesaba por la gente, sabía cautivarla con sus historias del pasado.

Vivir la guerra civil la marcó.  Aunque su hogar se encontrara en un lugar apartado de la mano de Dios. Más de una vez me contó como vio arder a los santos de la piedra, el día en que unos desdichados encendieron la iglesia. La misma que sirvió de escenario para su boda y mi bautizo tras las décadas pertinentes. Ella me enseñó con paciencia el Ave María y el Credo, para luego enumerarme, irónicamente, los muchos líos de faldas que había tenido don Miguel, el párroco. Era su forma de mostrarme la hipocresía del ser humano. Tan de Ciencias y Astronomía, tan de sucesos míticos y Astrología.

Sietemesina nacida bajo el signo de sagitario, malcriada como pocas, por padres, esposo e hija, se dejó querer mientras ofrecía su amor egoísta.

Como ella decía: «Siempre hice lo que tenía que hacer».  

Esa fue su mayor enseñanza.

 

#Zenda      #MiMejorMaestro

 


miércoles, 13 de mayo de 2020

NOSTALGIA



Siempre me ha encantado exagerar; por eso mismo afirmo que la nostalgia es una droga adictiva. La memoria tiene dos filos, es una arma blanca, qué te va haciendo hendiduras poco a poco, y corta por lo sano lo que realmente no importa. El pasado no siempre es mejor, y si miras hacia atrás demasiadas veces, resultará ser apocalíptico. Es cómo entregarse a una fría telaraña, cuando lo cierto es que hay que avanzar, llegar a una zona sin trampa ni cartón,  donde las vergüenzas  ya no importen.  Vivir sin influencias más allá de las neuras. Porque señores los espejismos no se enfadan , aunque sí preguntan sí sabemos de donde vienen. Y  a pesar de todo ello viajo a menudo al gran desierto;  en el puedo pasear por mis recuerdos.

miércoles, 8 de abril de 2020

QUIZÁ HÉROE





Héroe ¡qué bonita palabra! Tanto tiempo siendo un ser mundano y ahora resulta que por culpa de un virus, metemeencuerpos, soy uno de ellos. Uno de los elegidos para la acción y el sacrificio, uno de los más admirados del momento. Hasta la rancia de la vecina del cuarto me saludo en la escalera la última vez que nos cruzamos, eso sí desde una distancia considerable y llevando ambos nuestras mascaras de bandoleros, cómo las llama mi hija pequeña. Hace casi un mes que no me atrevo a abrazarla, ni a tocarle ni un pelo. Ella, su hermano y mi mujer son lo más importante para mí. Pero he de jugármela todos los días; salir a la calle, cuando la mayoría quisieran hacerlo y no pueden. No me importa caer enfermo, a pesar de ello tengo miedo, no quiero que por mi culpa se contagien los míos, que engañan al tiempo juntos, en un piso de apenas ochenta metros. Aunque sí, por otra parte sé que estoy haciendo una labor importante, y no porque ahora resulte obvio para todos, si no porque lo es, y durante estas semanas ha quedado claro.
Quizá te preguntes cuál es mi profesión, podría ser...Cualquiera, aunque no ha sido una de las más aplaudidas en las salidas a los balcones. Yo de carrera tengo la carretera y un traje de superhéroe un tanto especial: traje azul de camisa y pantalones con bolsillo grande sobre las perneras, botas de seguridad y un chaleco amarillo con sus franjas color plata reflectante para resaltar, cómo es debido y necesario, entre los comunes. Los de mi gremio comandamos los vehículos más temidos de las vías terrestres, tanto por su tamaño, cómo por su velocidad qué contrariando las leyes de lo deducible, es la menor entre los usuarios que transitan las áreas de asfalto. Por nuestra seguridad, por la de ellos. A menudo nos encontramos con muchos desequilibrados, que trastornan la correcta circulación; entonces procuramos que los guardas de lo civil les caigan encima, que los castiguen. Nosotros más que ningunos tenemos que cumplir las normas y por eso mismo queremos que sean respetadas. Y hablando de respeto, la gente que sigue al pie del cañón, últimamente está muy irascible, las cargas se espacian, los pedidos se retrasan y hay quien trabajo escondido, como en una especie de resistencia, pero en este caso contraproducente para la gran mayoría. Hay muchos con una venda en los ojos en vez de llevar mascarilla.
Yo por mi parte me armo de paciencia, intento empatizar, hacer mi labor lo mejor posible, pero la verdad, estoy deseando que termine la jornada para ir a casa. Ya no necesito salidas, tengo todo lo que quiero en el hogar.
De vez en cuando la madre naturaleza también necesita un descanso, hasta de mí.


#NuestrosHéroes  #Zenda
            

martes, 3 de marzo de 2020

LA MARQUESITA






Carcagente; tierras valencianas, 13 de junio de 1813.
Perdí mi virgo con veinte años; el mismo día en que realmente demostré mi nobleza.
 —Lo siento mucho, María Antonia, ojalá hubiera sido otra la elegida —me dijo mi padre. Aunque ambos sabíamos bien que había sido la única en consentir la compañía de aquel militar.
 El general Harispe era un hombre de buen porte, altivo y pertinaz en sus obcecaciones; cómo en la de pasar a cuchillo a mis conciudadanos.
Aquella campaña, por el levante español, lo estaba crispando. Echaba de menos los dominios del norte, donde había logrado sus mayores victorias y consideraciones, y lo que era más importante, no soportaba más el largo periodo de separación de su esposa, o al menos ese fue su principal argumento cuando pretendía convencerme para que yaciéramos juntos, a cambio de su indulgencia. 
Los soldados franceses que le servían, al igual que él, eran expertos en la guerra de sitio. En apenas una jornada habían cortado todos los caminos de huida de la población, tomando como prisioneros a los temerosos habitantes de esta y devastando a su paso cuanto se les antojaba.
La noche estaba al caer y, yo esperaba nerviosa la llegada del ducho estratega, en la habitación más lujosa de la casa de mis padres; que sin pretenderlo delataba nuestra posición nobiliaria. Mi padre, don Vicente Talens y Garrigues era el primero de nuestra familia en ostentar el título de marqués de la Calzada. Gracia que le había sido otorgada por su relevancia política y económica, pero ahora el dinero y las influencias de antaño poco importaban, los invasores cogían cuanto querían, sin atender a miramientos.
Las vidas de cientos de hombres, mujeres y niños dependían de mi comportamiento durante aquella vigilia forzada. Jean Isidor Harispe, entró demasiado sereno a la alcoba. Esperaba que las seis botellas de buen vino, que había aportado mi progenitor a la cena, para disfrute de los oficiales napoleónicos, él mismo y un par de amedrentados invitados, prohombres de la localidad, hubieran mermado sus capacidades, pero no; primero que nada se desprendió del fajín dorado que envolvía su cintura y, sin mediar palabra, continuo desabrochándose los múltiples botones de su chaquetilla, para quedarse cómodamente en camisa. Yo vestía un traje negro, fruto del luto por mi abuela materna, aunque muy a pesar mío con los pechos mucho más realzados de lo habitual, pendientes de desbordarse del escote al menor movimiento.
—Debo contaros un secreto, general —declare, con uno hilo de voz. 
—¿A qué adivino cual va a ser vuestra confidencia, mademoiselle? —dijo él socarronamente.
—No lo creo —conteste segura de mí misma.
—Mucha confianza trasmitís de pronto, ¿es qué no os impongo respeto? —La indignación comenzaba a hacer mella en él. Se notaba que era un ejemplar de poca paciencia.
—Por supuesto que os temo. —En aquella situación igualé el respeto al miedo, como era de esperar.
—Dejaros de tonterías —me increpó con dureza—. Si he de satisfacer alguna curiosidad sobre vos, lo haré a mi modo.
—En absoluto pretendo ofenderos, caballero. Estoy aquí para complaceros, y había pensado que os gustaría saber que desde hace tiempo me siento atraída por hombres mayores, como vos. En más de una ocasión, he imaginado, que al casarme, mi primera vez seria con alguien de vuestras características. Hasta vuestro acento francés me cautiva. —Claro está que por aquellas mentiras y lo que iba a acontecer, tendría que rezar muchos rosarios con posterioridad, pero mi madre me había estado aleccionando, a lo largo de la tarde, con unos cuantos consejos para acelerar el acto en lo máximo posible, y los pensaba aplicar.
—Jovencita, esto no es un juego. Eres muy atrevida de palabra, aunque no sé si estaréis a la altura en cuanto a hechos. —Cogió rápidamente mi mano derecha y la apretó contra su miembro viril— Debes rodearlo bien con tus dedos y hacer movimientos constantes hacia arriba y abajo, hasta que notes que parece una barra de hierro; con la que voy a marcarte las entrañas.
En ese momento mi endeble fachada se desmorono de lleno, y comencé a llorar entre gemidos, mientras intentaba ejecutar con acierto sus órdenes.
—¡Más aprisa, españolita, más aprisa! Ya casi toca introducirlo en tu sexo, pero primero tendré que probar la voluptuosidad de tus senos. —Se abalanzó sobre mí y desgarrándome el vestido, comenzando de inmediato a chupar y mordisquear mis pecho alternativamente—. ¡Juventud, divina juventud! Son dulces y firmes como dos peritas. ¡Deliciosas, irresistibles!
Entonces fue cuando, sin poder soportarlo; me abrí de piernas, para facilitarle la total posesión al profanador de mi cuerpo.
—¡Muy bien! Veo que si te está gustando. Finalmente eres una zorrita más, a pesar de tu linaje. —me dijo triunfante el general Harispe. Seguidamente se bajo los pantalones y calzones con premura, y hundía su falo dentro de mi concha.
—¡Aaah, aaah, basta! —grité invadida por el dolor, cuantas veces pude, hasta que aumentando la velocidad de sus embates, exhalando con ello un largo y gratificante suspiro. Para luego desparramarse en mí, tanto por dentro como por fuera.
Eran las dos de la madrugada, cuando por fin pude despegarme de su abrazo. Claramente estaba herida, aunque no me importaba la sangre que impregnaba mis entrepiernas. Sabía que mi sacrificio supondría la clemencia de los conquistadores y, jamás me sentí más orgullosa de mí mismo.

                                          

                                        Gema Blasco
  


#zenda #heroínas




lunes, 23 de diciembre de 2019

Lo típico








Me miró fijamente, sin comprender porque lloraba.
—Es Navidad —le contesté.
—¿No deberías estar feliz? —Clara es muy curiosa. Nunca se cansa de preguntar.
—Las personas que me daban ilusión se fueron.
—¿Entonces, yo no te doy nada?
—Claro que sí, tú me das dolor de cabeza  —conteste con el gesto cambiado,  de broma.
Desde entonces no ha vuelto a hablarme, y eso que ya acaba el año. Pero intuyo, que para Reyes, me va a perdonar.

jueves, 28 de noviembre de 2019

Precipicio










¿Para qué aprendiste a reír?
Si lo ibas a hacer de mí.
Comparte conmigo
una foto y,
te escribiré una novela.
Pues recuerdo sitios,
en los que no hemos estado.
¡Vamos! Sube al tren,
y seremos amantes
en un precipicio, precipitado.
Crearemos caminos
nuevos.
Sin ningún reproche
a cuestas.
Tú lo llamaras
abrirse,
y,
yo lo llamaré
mimetizarse.
Pero sencillamente
será desarmar.

¡Diablos!





Habrá que poner de moda las sonrisas.
Aun cuando,
con cada una de ellas,
nos acerquemos  más al cinismo.
Perdona mi ironía,
pero es que viene impresa
en mi forma de ver.
Por mucho que cambiemos
los cuentos,
la crueldad no va a dejar de existir.
Los malos siempre
encuentran un papel
en la vida.                 
Los buenos siempre
buscan la felicidad
en los otros.
Y yo sigo aquí,
haciéndome la misma pregunta.
¿Por qué quieres ser inmortal?
Si hasta el mismo Mefistófeles,
odia lo eterno.

Tengo una solución.
Mataré tus recuerdos y,
así serás reseteado.
Invadido por lo obvio.
Debes dejar que te ate.
El daño te hará más fuerte,
o, morirás de cierto.
La gente cómo tú
 suele hacerlo de aburrimiento.
Arriesga tu conciencia.
Sabes que no soy tan gusano,
como para acabar contigo,
sin un buen remedio.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

AMARILLO, VERDE Y AZUL

     
Confieso que me gusta hacer viajecitos, más de una vez a la semana. Lo peor de emprenderlos es la debida organización, lo sé, pero yo en ese aspecto soy muy meticulosa, no me gusta ver nada fuera de su sección. Día a día voy colocando cada cosa en su sitio, y así a la hora de la marcha todo es más rápido. A veces, sobre todo después de una celebración, se me acumulan tantas  trastos que ya no encuentro lugar para ellos y, me veo obligada a adelantar el viaje, o incluso a buscarme otro medio de transporte para llevármelos. Normalmente uso un carrito, ya que los trayectos son cortos. Pero lo mejor de todo es la satisfacción que encuentro con ellos. El punto final del recorrido suele estar repleto, es muy céntrico, y eso se nota, aunque aquí una servidora siempre encuentra un hueco para darlo todo. Al fin y al cabo para eso me desplazo hasta allí, y las veces que haga falta, con tal de cumplir con mi deber de ciudadana del mundo.  

Las zonas de reciclaje deberían ser un viaje obligatorio para todos; papel o cartón, aceites, vidrios y plásticos, tienen que pasar de útiles a reaprovechados.    




#zenda  #viajessostenibles