miércoles, 13 de mayo de 2020
NOSTALGIA
Siempre me ha encantado exagerar; por eso mismo afirmo que la nostalgia es una droga adictiva. La memoria tiene dos filos, es una arma blanca, qué te va haciendo hendiduras poco a poco, y corta por lo sano lo que realmente no importa. El pasado no siempre es mejor, y si miras hacia atrás demasiadas veces, resultará ser apocalíptico. Es cómo entregarse a una fría telaraña, cuando lo cierto es que hay que avanzar, llegar a una zona sin trampa ni cartón, donde las vergüenzas ya no importen. Vivir sin influencias más allá de las neuras. Porque señores los espejismos no se enfadan , aunque sí preguntan sí sabemos de donde vienen. Y a pesar de todo ello viajo a menudo al gran desierto; en el puedo pasear por mis recuerdos.
miércoles, 8 de abril de 2020
QUIZÁ HÉROE
Héroe ¡qué bonita
palabra! Tanto tiempo siendo un ser mundano y ahora resulta que por culpa de un
virus, metemeencuerpos, soy uno de ellos. Uno de los elegidos para la acción y
el sacrificio, uno de los más admirados del momento. Hasta la rancia de la
vecina del cuarto me saludo en la escalera la última vez que nos cruzamos, eso
sí desde una distancia considerable y llevando ambos nuestras mascaras de
bandoleros, cómo las llama mi hija pequeña. Hace casi un mes que no me atrevo a
abrazarla, ni a tocarle ni un pelo. Ella, su hermano y mi mujer son lo más
importante para mí. Pero he de jugármela todos los días; salir a la calle,
cuando la mayoría quisieran hacerlo y no pueden. No me importa caer enfermo, a
pesar de ello tengo miedo, no quiero que por mi culpa se contagien los míos,
que engañan al tiempo juntos, en un piso de apenas ochenta metros. Aunque sí,
por otra parte sé que estoy haciendo una labor importante, y no porque ahora
resulte obvio para todos, si no porque lo es, y durante estas semanas ha
quedado claro.
Quizá te preguntes cuál
es mi profesión, podría ser...Cualquiera, aunque no ha sido una de las más
aplaudidas en las salidas a los balcones. Yo de carrera tengo la carretera y un
traje de superhéroe un tanto especial: traje azul de camisa y pantalones con
bolsillo grande sobre las perneras, botas de seguridad y un chaleco amarillo
con sus franjas color plata reflectante para resaltar, cómo es debido y
necesario, entre los comunes. Los de mi gremio comandamos los vehículos más
temidos de las vías terrestres, tanto por su tamaño, cómo por su velocidad qué contrariando
las leyes de lo deducible, es la menor entre los usuarios que transitan las áreas
de asfalto. Por nuestra seguridad, por la de ellos. A menudo nos encontramos
con muchos desequilibrados, que trastornan la correcta circulación; entonces
procuramos que los guardas de lo civil les caigan encima, que los castiguen. Nosotros
más que ningunos tenemos que cumplir las normas y por eso mismo queremos que
sean respetadas. Y hablando de respeto, la gente que sigue al pie del cañón, últimamente
está muy irascible, las cargas se espacian, los pedidos se retrasan y hay quien
trabajo escondido, como en una especie de resistencia, pero en este caso
contraproducente para la gran mayoría. Hay muchos con una venda en los ojos en
vez de llevar mascarilla.
Yo por mi parte me armo
de paciencia, intento empatizar, hacer mi labor lo mejor posible, pero la
verdad, estoy deseando que termine la jornada para ir a casa. Ya no necesito
salidas, tengo todo lo que quiero en el hogar.
De vez en cuando la
madre naturaleza también necesita un descanso, hasta de mí.
#NuestrosHéroes #Zenda
#NuestrosHéroes #Zenda
martes, 3 de marzo de 2020
LA MARQUESITA
Carcagente; tierras
valencianas, 13 de junio de 1813.
Perdí
mi virgo con veinte años; el mismo día en que realmente demostré mi nobleza.
—Lo siento mucho, María Antonia, ojalá hubiera
sido otra la elegida —me dijo mi padre. Aunque ambos sabíamos bien que había
sido la única en consentir la compañía de aquel militar.
El general Harispe era un hombre de buen
porte, altivo y pertinaz en sus obcecaciones; cómo en la de pasar a cuchillo a
mis conciudadanos.
Aquella
campaña, por el levante español, lo estaba crispando. Echaba de menos los
dominios del norte, donde había logrado sus mayores victorias y consideraciones,
y lo que era más importante, no soportaba más el largo periodo de separación de
su esposa, o al menos ese fue su principal argumento cuando pretendía convencerme
para que yaciéramos juntos, a cambio de su indulgencia.
Los
soldados franceses que le servían, al igual que él, eran expertos en la guerra
de sitio. En apenas una jornada habían cortado todos los caminos de huida de la
población, tomando como prisioneros a los temerosos habitantes de esta y
devastando a su paso cuanto se les antojaba.
La
noche estaba al caer y, yo esperaba nerviosa la llegada del ducho estratega, en
la habitación más lujosa de la casa de mis padres; que sin pretenderlo delataba
nuestra posición nobiliaria. Mi padre, don Vicente Talens y Garrigues era el
primero de nuestra familia en ostentar el título de marqués de la Calzada. Gracia
que le había sido otorgada por su relevancia política y económica, pero ahora
el dinero y las influencias de antaño poco importaban, los invasores cogían
cuanto querían, sin atender a miramientos.
Las
vidas de cientos de hombres, mujeres y niños dependían de mi comportamiento
durante aquella vigilia forzada. Jean Isidor Harispe, entró demasiado sereno a la
alcoba. Esperaba que las seis botellas de buen vino, que había aportado mi
progenitor a la cena, para disfrute de los oficiales napoleónicos, él mismo y
un par de amedrentados invitados, prohombres de la localidad, hubieran mermado
sus capacidades, pero no; primero que nada se desprendió del fajín dorado que
envolvía su cintura y, sin mediar palabra, continuo desabrochándose los
múltiples botones de su chaquetilla, para quedarse cómodamente en camisa. Yo
vestía un traje negro, fruto del luto por mi abuela materna, aunque muy a pesar
mío con los pechos mucho más realzados de lo habitual, pendientes de
desbordarse del escote al menor movimiento.
—Debo
contaros un secreto, general —declare, con uno hilo de voz.
—¿A
qué adivino cual va a ser vuestra confidencia, mademoiselle? —dijo él socarronamente.
—No
lo creo —conteste segura de mí misma.
—Mucha
confianza trasmitís de pronto, ¿es qué no os impongo respeto? —La indignación
comenzaba a hacer mella en él. Se notaba que era un ejemplar de poca paciencia.
—Por
supuesto que os temo. —En aquella situación igualé el respeto al miedo, como
era de esperar.
—Dejaros
de tonterías —me increpó con dureza—. Si he de satisfacer alguna curiosidad
sobre vos, lo haré a mi modo.
—En
absoluto pretendo ofenderos, caballero. Estoy aquí para complaceros, y había
pensado que os gustaría saber que desde hace tiempo me siento atraída por
hombres mayores, como vos. En más de una ocasión, he imaginado, que al casarme,
mi primera vez seria con alguien de vuestras características. Hasta vuestro acento
francés me cautiva. —Claro está que por aquellas mentiras y lo que iba a
acontecer, tendría que rezar muchos rosarios con posterioridad, pero mi madre
me había estado aleccionando, a lo largo de la tarde, con unos cuantos consejos
para acelerar el acto en lo máximo posible, y los pensaba aplicar.
—Jovencita,
esto no es un juego. Eres muy atrevida de palabra, aunque no sé si estaréis a
la altura en cuanto a hechos. —Cogió rápidamente mi mano derecha y la apretó
contra su miembro viril— Debes rodearlo bien con tus dedos y hacer movimientos
constantes hacia arriba y abajo, hasta que notes que parece una barra de hierro;
con la que voy a marcarte las entrañas.
En
ese momento mi endeble fachada se desmorono de lleno, y comencé a llorar entre
gemidos, mientras intentaba ejecutar con acierto sus órdenes.
—¡Más
aprisa, españolita, más aprisa! Ya casi toca introducirlo en tu sexo, pero
primero tendré que probar la voluptuosidad de tus senos. —Se abalanzó sobre mí
y desgarrándome el vestido, comenzando de inmediato a chupar y mordisquear mis
pecho alternativamente—. ¡Juventud, divina juventud! Son dulces y firmes como
dos peritas. ¡Deliciosas, irresistibles!
Entonces
fue cuando, sin poder soportarlo; me abrí de piernas, para facilitarle la total
posesión al profanador de mi cuerpo.
—¡Muy
bien! Veo que si te está gustando. Finalmente eres una zorrita más, a pesar de
tu linaje. —me dijo triunfante el general Harispe. Seguidamente se bajo los
pantalones y calzones con premura, y hundía su falo dentro de mi concha.
—¡Aaah,
aaah, basta! —grité invadida por el dolor, cuantas veces pude, hasta que
aumentando la velocidad de sus embates, exhalando con ello un largo y gratificante
suspiro. Para luego desparramarse en mí, tanto por dentro como por fuera.
Eran
las dos de la madrugada, cuando por fin pude despegarme de su abrazo.
Claramente estaba herida, aunque no me importaba la sangre que impregnaba mis
entrepiernas. Sabía que mi sacrificio supondría la clemencia de los
conquistadores y, jamás me sentí más orgullosa de mí mismo.
Gema Blasco
#zenda #heroínas
lunes, 23 de diciembre de 2019
Lo típico
Me miró fijamente, sin comprender
porque lloraba.
—Es Navidad —le contesté.
—¿No deberías estar feliz? —Clara
es muy curiosa. Nunca se cansa de preguntar.
—Las personas que me daban ilusión
se fueron.
—¿Entonces, yo no te doy nada?
—Claro que sí, tú me das
dolor de cabeza —conteste con el gesto
cambiado, de broma.
Desde entonces no ha vuelto a
hablarme, y eso que ya acaba el año. Pero intuyo, que para Reyes, me va a
perdonar.
jueves, 28 de noviembre de 2019
Precipicio
¿Para qué aprendiste a reír?
Si lo ibas a hacer de mí.
Comparte conmigo
una foto y,
te escribiré una novela.
Pues recuerdo sitios,
en los que no hemos estado.
¡Vamos! Sube al tren,
y seremos amantes
en un precipicio, precipitado.
Crearemos caminos
nuevos.
Sin ningún reproche
a cuestas.
Tú lo llamaras
abrirse,
y,
yo lo llamaré
mimetizarse.
Pero sencillamente
será desarmar.
¡Diablos!

Habrá que poner de moda las sonrisas.
Aun cuando,
con cada una de ellas,
nos acerquemos más al cinismo.
Perdona mi ironía,
pero es que viene impresa
en mi forma de ver.
Por mucho que cambiemos
los cuentos,
la crueldad no va a dejar de existir.
Los malos siempre
encuentran un papel
en la vida.
Los buenos siempre
buscan la felicidad
en los otros.
Y yo sigo aquí,
haciéndome la misma pregunta.
¿Por qué quieres ser inmortal?
Si hasta el mismo Mefistófeles,
odia lo eterno.
Tengo una solución.
Mataré tus recuerdos y,
así serás reseteado.
Invadido por lo obvio.
Debes dejar que te ate.
El daño te hará más fuerte,
o, morirás de cierto.
La gente cómo tú
suele hacerlo de aburrimiento.
Arriesga tu conciencia.
Sabes que no soy tan gusano,
como para acabar contigo,
sin un buen remedio.
miércoles, 18 de septiembre de 2019
AMARILLO, VERDE Y AZUL
Confieso que me gusta hacer
viajecitos, más de una vez a la semana. Lo peor de emprenderlos es la debida organización,
lo sé, pero yo en ese aspecto soy muy meticulosa, no me gusta ver nada fuera de
su sección. Día a día voy colocando cada cosa en su sitio, y así a la hora de
la marcha todo es más rápido. A veces, sobre todo después de una celebración, se
me acumulan tantas trastos que ya no encuentro
lugar para ellos y, me veo obligada a adelantar el viaje, o incluso a buscarme
otro medio de transporte para llevármelos. Normalmente uso un carrito, ya que
los trayectos son cortos. Pero lo mejor de todo es la satisfacción que
encuentro con ellos. El punto final del recorrido suele estar repleto, es muy céntrico,
y eso se nota, aunque aquí una servidora siempre encuentra un hueco para darlo
todo. Al fin y al cabo para eso me desplazo hasta allí, y las veces que haga
falta, con tal de cumplir con mi deber de ciudadana del mundo.
Las zonas de reciclaje deberían
ser un viaje obligatorio para todos; papel o cartón, aceites, vidrios y plásticos,
tienen que pasar de útiles a reaprovechados.
#zenda #viajessostenibles
viernes, 7 de junio de 2019
PENITENCIA
Siempre
ando con prisas, pocas ocasiones tengo para rezar a mis santos. Pero pasar por
la iglesia y no entrar, para mí, es pecado. Un Ave María a la Virgen no cuesta
nada de recitar.
Aquel día abrí la puerta, y el
recinto estaba casi a oscuras, solo unas pocas velas lo iluminaban. No me hizo
ninguna gracia, pero tiré para dentro. Me dirigía hacia el altar, y de pronto
noté como caía en un agujero excavado en el suelo. Mi miedo, irracional, por
las imágenes sagradas no me dejó fijarme en el mal paso que daba. ¡Castigo de
Dios!
DE AHORA EN ADELANTE
En realidad no digo que fuera un sueño, al menos corriente.
La supervivencia nos convierte en monstruos, y a veces los sueños
se invierten, creando pesadillas.
Conducía despacio. Estaba a punto de tomar la salida habitual de la
autovía, para llegar hasta casa. Pero de pronto vi que el acceso estaba
cortado. Desvié el volante y pare el vehículo en seco, sin preocuparme de
nada más. No tan lejos mío, había una especie de altar
improvisado, con flores y tarjetas, en homenaje a algún difunto. Junto a
este, triste y desmayado, medio dormitaba un perro color marrón
rojizo, de pelaje rizado y tamaño más que considerable. Delante suyo había un
cartel en el que se podía leer: «De hoy en adelante quedo al cuidado de quien
se apiade de mí». De inmediato me sentí obligado a recogerlo y hacerme cargo
suyo. Tenía la sensación de estar en deuda con el que fuera su dueño.
Bajé del vehículo, me acerque, y pude observar que en realidad no había un solo
perro sino dos más. Tres en total. Entonces pensé que se me estaba colocando
ante una prueba de generosidad. ¿Qué iba a hacer? ¡Llevármelos sin más! Medite
el tiempo justo y fui a por ellos. No me importaba su raza o situación, tan
solo demostrarme a mí mismo lo altruista que era. No obstante hubo algo que
llamó mi atención sobremanera. ¡Detrás suyo yacía un cadáver! El luminoso altar
se convirtió en cueva sombría, y de ella salieron unos individuos,
con mal aspecto, que no tenían otra intención más que asesinarme. Me di
cuenta rápidamente de que todo era una trampa, Qué esos indeseables estaban
cazando personas, y los perros eran su cebo. Pensé en marcharme, pero sabía que
no llegaría ni siquiera hasta el coche, que ya tenían en su poder. Y de pronto
no me quedo otra acción más que unirme a ellos, convertirme en otra
aberración humana. ¿Dónde quedaba todo lo bueno que había en mí?
martes, 4 de junio de 2019
EL LEÑADOR
Llevaba un hacha en la mano, lo que
le confería más aun un aspecto de rudeza. Sus músculos marcados no dejaban duda
de que sabía manejarla dicha herramienta con destreza. Una vez fijado su
objetivo, comenzó a golpear la dura corteza. En esa ocasión le había tocado en
suerte talar un pino torcido, que corría peligro de derrumbe, ante cualquier
inclemencia climática. Golpeó una y otra vez, con todas sus fuerzas,
hasta que logró hacerlo caer en el suelo, con un estruendo, quizá, demasiado
sonoro. Ni era tan grueso, ni tenía tanta altura. Además gran parte de su
tronco era hueco, de una manera inhabitual. Lorenzo, se arremango en
extremo, como quien acepta el desafío que le es concedido, bien por
la naturaleza, o Dios sabe por quién. Reanudó su labor con el
troceado en partes equitativas del recién caído. Una tras otra iban quedando
expuestas ante él, hasta llegar a la sección más fácil, la que poseía esa
falta de madera en su interior. Pero al intentar corta de nuevo en profundidad
el árbol, la hacha no penetró. Había algo obviamente duro que se lo
impedía; a la par que resonaba con tintineo. El muchacho se acercó expectante,
y tras inspeccionar el cóncavo espacio, se dio cuenta de que no estaba vacío.
En su interior brillaban multitud de alhajas, relojes y abalorios. Seguramente
fuera el botín acumulado, a lo largo de los años, por algún malhechor local;
negligente sobremanera, y cuyo escondite ahora quedaba al descubierto. Sacó
unas bolsas de la furgoneta y comenzó a traspasar el tesoro encontrado, para
así hacerlo suyo. Podría decirse que Lorenzo, el leñador, era un hombre
afortunado.
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