sábado, 3 de noviembre de 2018

NOVIEMBRE






De color calabaza se viste Noviembre, con hojas caídas y muerte vestida de recuerdos. Todos los años lo mismo, la tradicional visita al cementerio. Flores para los nuestros, limpieza de lápidas y lágrimas en nuestros ojos. Reencuentro con vivos y ancestros, en un camposanto de alineados cipreses.

Mi madre reniega de las costumbres yanquis, que nos están invadiendo, las encuentra de muy mal gusto. Prefiere a la Santísima Santa Muerte, la niña blanca, esa que es adora en México.

Su amiga Marta es ciudadana del mundo, pero nació en la tierra mexica. Ella le contó que la tradición de tal culto vino transmitida de boca en boca. De siglo a siglo. Entre las diferentes culturas, que se iban sucediendo.

Primero fueron Los Mayas con su dios Ah Puch, rey de Xibalbá, el inframundo. Desaparecidos estos ocuparon su lugar los Aztecas con Mictlantecuhtli y Mictecacihuatl dioses con género de la muerte, que dominaban la oscuridad del Reino de esta, Mictlán. Pero todo culto a esqueletos se tuvo que silenciar por el momento, cuando llegó el virreinato de España y su Santa Inquisición. Aunque el secreto nunca callado del todo seguía existiendo en la memoria colectiva de los indígenas. Hasta un día en que la Santísima Santa Muerte se reveló, mostrándose en su forma, en una choza del poblado de Catemaco. Tras lo cual su espíritu voló a todos lados para no esconderse de quien realmente la ama. Los cristianos de antiguo la tacharon de aparición satánica, pero su culto prevalece y aumenta para bien y para mal. Ella no juzga a quien la sigue, busca adeptos y nada más.

La muerte forma parte de la vida, y allí se colocan altares en las casas, con retratos, flores y la comidas preferidas de los difuntos que son honrados, en el que fue su hogar, o ante los seres que les guarda recuerdo. Eso me transporta junto a Coco. Sí, la anciana de la película, ¡cuánto lloré viéndola! Pero me encantó, sobre todo la parte que copio para cantarle a los míos, a los que ya no están:

" Ay, de mi llorona
Llorona de azul celeste
Y aunque la vida me cueste llorona
No dejaré de quererte
Me subí al pino más alto llorona
Haber si te divisaba
Como el pino era tierno llorona
Al verme llorar, lloraba
La pena y la que no es pena llorona
Todo es pena para mi
Ayer lloraba por verte llorona
Hoy lloro por que te vi
Ay de mi llorona, llorona
Llorona de azul celeste
Ay de mi llorona, llorona
Llorona de azul celeste″
Y aunque la vida me cueste llorona
No dejaré de querer
Ay ay ay ay" 

¡ Padre cuánto te echo de menos!

#zenda  #mexico #día de muertos.

miércoles, 24 de octubre de 2018

ARGUMENTOS



Tecleo sin cesar, palabras, que brotan de mi mente, incesantes, caprichosas, como un torrente inagotable, difícil de dominar.

El protagonista habla a través de mis dedos, ellos le ponen voz a sus pensamientos. Es un personaje oscuro, de los que esconde mucho más  de lo que se debe. Se cree con derecho a dominar los acontecimientos y, no sabe que los hechos son según el nudo y no obedecen a su voluntad, ni siquiera a la mía.

Su compañera en la escena me tiene encandilado. Velo por ella  a cada momento. Quizás la cree con parte de mis ensueños y por ello no acaba de resultar creíble. Es una criatura tan sumamente deliciosa que él la codicia cada vez más.

Me resulta difícil introducir otros personajes, ellos tienen tanto de qué hablar, sitios por recorrer y golpes que esquivar, que debería dejar que se cubrieran de caricias. Para ser sincero les tengo envidia, son seres más reales que yo misma, que ya no concibo mi existencia sin ellos.

Se conocieron de forma extraña, él acababa de despedir, para siempre,  a su por aquel entonces pareja y ella no tardo ni cinco minutos en aparecer delante suyo. En aquel muelle del puerto. Llevaba un lienzo, acuarelas y pinceles en su ridículamente pequeño bolso, todo sobresalía y parecía caer. Su mirada se perdía en el mar, como buscando una imagen idílica que inmortalizar. No tan lejos se divisaba el barco, ese en el que se suponía que marchaba la única que podría ser su rival, en un futuro junto al hombre que la observaba en aquel mismo momento. Él no pudo evitar encontrar inadecuado y reprochable el tamaño de aquel bolso, no le gustan las cosas que no casan, es purista de la perfección. Pero no tardo en subir la mirada hacia la mujer que lo sostenía. Sin duda ella sí estaba modelada con el máximo esmero. Lástima que su corazón aún tuviera que guardar un tiempo de luto, no se puede matar el amor sin más.

Buscando un escenario para la trama vivida por mi protagonista, fui a parar a un antiguo convento, hoy convertido en lugar de culto al ocio. No había mejor lugar para empezar un final.

Ellos por su parte tras su primer lienzo en blanco, tomaron una café detrás de otros. Los días pasaron, también los meses, y las tazas se convirtieron en copas de vino, durante sus cenas, sus almuerzos y escapadas.

 Mi soñada Estefanía daba color a la extraña relación, con su forma de ser, y sus pinceles. Guillermo, mi álter ego, la trataba como a uno de sus bellos y originales cuadros, acompañándola de lejos, sin atreverse a tocarla, por el gran valor que quizás  él le otorgaba. Ella era una verdadera artista, disfrazada de fragilidad y dependencia. Cosa que él aprovechaba para sumirla cada vez más en su mundo. Tan solo existía un problema, y este era el de siempre, su rara forma de obtener realmente placer. No le quedaba más remedio que encontrar aquel día y en aquella exposición, en la antigua capilla, al tercer miembro de su particular visión, pues su lujuria lo pedía a gritos.

Hubiera dado lo que fuera por poder ser yo, irónicamente, en carne hueso, el nuevo y necesario personaje, ¿o tal vez lo estaba creando para sentirme él? Daba lo mismo.

El desenlace estaba apuntó de llegar. Guillermo estaba casi seguro de que Estefanía, cedería a sus peticiones, aunque no hubiera oído nunca la palabra mixocopia, ni supiera su significado, ni sentido...era lo que había, si pretendía seguir con él.

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LIRABELGEMA


jueves, 11 de octubre de 2018

LAS CAIDAS






Soñando con la caída           
Todo podía llegar a ser       
Desintegrándose sin ver
 Más allá, la  misma ida.       

Ríen  su  tonto  destino
Lloran y no saben ¿por qué?
Cumplen su  porqué
Allá van sin más  atino.

Inocentes de  la culpa
Aceptan el mal castigo
Se rinden por un contigo
Esclavas de la estampa.

Mueren sin llegar otoño
El motivo es valiente
Resulta poco pedante
Ellas ya no son retoño.

Pero llamémoslas hojas
Es su nombre, tal vez
olvidaron la fea vejez
Presas de ramas con rejas.

Sólo buscan ser pisadas
Amarillentas muestras
Ocres, vencidas, deseosas
Como unas tiernas  piedras.

Bien halladas las caídas
Mueren de puro contento
Manteniendo todo lento
Cuándo otras, si fracasan.



__#otoño_________#zenda ______________ LIRABELGEMA.

lunes, 3 de septiembre de 2018

EL TXATO Y YO.

Mucho bulo es lo que hay, con que las bicicletas son para el verano, yo llevo rodando mis ruedas de Enero a Diciembre, prácticamente desde que salí de fábrica, allá por el ochenta y tres.
No sé ni los miles de Kilómetros que habremos hecho juntos el Txato y yo.
Nos vamos haciendo viejos a base de pedalear, él más, porque solo parece tener huesos y pellejo, ya le va quedando poca carne, de tanto trabajar y abstenerse  de los buenos alimentos, que aporten grasas. Mi aluminio aún está en buen estado, es 6061, de la mejor calidad. El Txato se preocupa anualmente de mis precisas renovaciones, no soy fácil de reparar,y, aunque el tiempo me fatigue, nunca me dí por retirada, el camino aún tiene bici en mí para rato.
Todas las mañanas tomamos la empinada cuesta de las liebres, para abrir boca. Cuando sus piernas se calientan y mis ruedas se dilatan por la fricción, llega el momento de cogėrselo en serio y elegir la carretera por la que seguir, hay tantas, como pueblos nos rodean, y las tengo todas más que vistas. A ambos nos gustaría cambiar el paseo, aunque sea por una vez, pisar asfalto nuevo, de otro terreno. ¡Vamos! Esto de ser del norte resulta muy oxidante, incluso empapante para mi conductor, luego los miembros se le resienten, como a mí mis tuercas. No estaría mal hacernos una gira hacia el Sur, pasando por : Zaragoza, Teruel, Valencia,  Alicante, Murcia,  Almería,  hasta Granada y de ahí a Sevilla. Sin prisas, ni tiempos, solos él y yo, como casi siempre . He sido yo más su compañera que su propia mujer, que lo abandonó al año de matrimonio, por no poder darle hijos, y encima me hacía a mi la culpable, decía que tanto ir en bici  dejaba tontos los testículos, ¡ Qué improperio de mujer! Bien que hizo en marcharse y dejarnos tranquilos.
Pero volviendo a Sevilla, de allí habría que volver, yo la ruta la tengo clara, pero el Txato no tanto, él quisiera pasar por la capital de capitales, Madrid, y a mí, la verdad, no me hace ninguna ilusión, porque yo iba para Madrileña, ¿ sabéis? En la tienda donde fuí puesta a la venta, dejó encargo hecho por mí un chulapo de Lavapiés, después de manosearme y hacerme   mil promesas,  nunca lo volví a ver. ¡ Malos rayos se le partan! Luego llegó el Txato convencido sin remedio, de que yo estaba hecha para él. ¡ Cuándo le da la acelerada, le da!   Pero bueno, yo me pasaría  por Extremadura, dicen que allí las vías son más como las de la antigua  Roma, y ya se sabe, esa sí, es la ciudad eterna.




domingo, 26 de agosto de 2018

ALMOHADAS




Según su propia teoría, las almohadas fueron  un  invento de aquellos fanáticos defensores de la unidad,  que tras su austeridad, necesitaban reclinar sus cabezas en algo que les recordara al paraíso prometido.

Su  imposicion de la  pureza de fe, no era otra cosa, que una auténtica pesadilla para el resto. Mientras ellos iban ganandoles sus territorios, sus sueños se cumplian, manteniendo sus ideales sobre cada vez más  mullidas almohadas, que al final fueron la causa de su propia perdición.

Lo que no sabían era que, al cruzar el  extrecho con sus barcos, se estaban acercando a un paraíso terrenal, que acaba por corrompernos a todos. Nadie dijó que la belleza no fuera hermana de la relajada desidia.

Hay batallas que no se celebran en el campo de combate, y ese fue su caso. Llegó a aborrecer tanto a esos hijos de cabreros del lejano sur, que no pudo soportar vivir ni un solo día bajo su mandato. No quiso probar  sus  almohadas,  decidió acabar con su vida de ensueño. Ofreciendose una vez más  al desenfreno del sentir, fuerte y intensamente, el placer terrenal. Esta vez probó  a ser halcon  que vigila en lo alto, y acabo precipitandose, para destrozar a zarpazos sus comodos cojines.

viernes, 10 de agosto de 2018

UNO DE LOS PADRES DE LA PEPA



Hoy es diez de agosto, y calor arrecia. Lo que contribuye a dejar mis pensamientos claros. Me dispongo a rezar mis oraciones, para así agradecerle a Dios, mi señor, que cumplo un año más en mi vida. Estoy muy orgulloso de ser setabense, Xátiva, no es una ciudad cualquiera, lleva impresas en sus calles tantas huellas como culturas han pasado por ella. Este es uno de mis lugares predilectos para la reflexión, cuando puedo escaparme de la capital española. La orden de los Dominicos siempre sobresalió por su tenacidad en el estudio y la difusión del saber, creedme pues, no hay nada mejor que meditar y valorar lo aprendido.
 Más veces de las que recuerdo habré acudido a estos muros conventuales, para madurar mis decisiones, el mundo a veces, no es lo que parece. Yo tuve una fina venda en mis ojos, durante muchos años, solo vivía para Dios y, este me recordó que mi labor era proteger a los hombres de ellos mismos, de los seres que se creen superiores a los demás y los sumen en la necesidad y la ignorancia, para que así no puedan protestar. Mi incursión en el mundo de la política fue mucho más atropellada de lo que hubiera deseado, un hombre piadoso como yo, necesita de la inspiración divina en cada faceta de su vida y, este arte de la disertación y el debate, en ocasiones me resulta excesivo. De todos modos doy gracias, por todo cuanto pudimos conseguir, con cada una de aquellas palabras, párrafos y artículos, tan necesarias para una nueva visión del futuro de nuestro país.  Cádiz siempre quedará en mi memoria, como la ciudad que acogió mi primer cónclave político, el más importante de mi vida, porque con el pretendíamos cambiar a mejor la vida de muchos otros.  Estoy seguro de san José como padre de Jesús nos guió para que proclamáramos nuestra primera construcción en el día de su onomástica. La Pepa y Cádiz, quedaron pues unidos y realzados en nuestra historia.
Esta vez, por desgracia, vengo a despedirme de mi ciudad, la que me vio nacer y que supó darme  las lecciones y el apoyo para ver más allá. Nuestra misión fracasó y ahora debo pagar con el exilió, nunca pensé que tendría que verme en eta situación, yo un hombre de Dios, con méritos y el testimonio a favor de mis obras, muchos más que aquellos llamados nobles y fieles súbditos. Mi pecado es ser mal visto, poco estimado por un rey de España, sí un rey, no mi rey, en absoluto.
Mi firma seguirá fuertemente estampada en nuestra Pepa, luciendo mi nombre Joaquín Lorenzo Villanueva, con el orgullo de ser un buen español. Aunque ahora deba derrotarme y huir hasta las empapadas riberas de la lejana Londres, que me espera, a pesar de que mi corazón queda aquí. Solo me queda el consuelo de mis letras, las que ahogan mis penas junto a la oración.

 

 


LIRABELGEMA

miércoles, 25 de julio de 2018

PRINCESA DEL MAR.





Llevo tiempo dejándome lamer
por las olas del mar.


Me creía isla inconquistable y
entonces llegaste
con la marea alta,
arrasando
propósitos de soledad.


Temí aceptar
este calor que siento
como nuestro,
gotas resbaladizas
de agosto sofocante.


La pasión
nunca fue mi fuerte.
Resulta ser  un asedio,
con demasiados asaltos y
pocas victorias.


Quizás por miedo
a lo intemporal.
Resistí los anuncios
del sempiterno destino.


Ahora  me creo una princesa
Qué se atreve
a hacerte saber
la suerte que tienes
de poder acariciar
mi piel dorada.
Sabedor
de los desvergonzados rizos
que caen
por mi espalda,
con cada uno
de mis deseos ocultos,
ondeando
sobre ellos.
Dibujando
la antesala a mi cintura,
que espera
tus hábiles  manos,
de guerrero experto,
en lances de sol y placeres.
Para comenzar
ese combate divino
de orgasmos
en la arena caliente,
que los inevitables
cánones establecidos mandan.


No pido amor
sino deseo.
Voy a dejarme
caer por tu pendiente.
Mientras el abrupto
jadear del silencio,
queda vacío,
por  los aullidos,
que exhalan esos,
estos cuerpos,
que aspiran
a parecer una onda
de espuma burbujeante,
sobresaliente,
en el agua salada,
por el atrevimiento,
revuelta, rebelde.




martes, 19 de junio de 2018

DOCE A MALTA




A pesar de la corta excursión, el balón no quiso esconderse demasiado de la vista, había bajado ladera abajo sin rumbo fijo; su piel ya se encontraba ajada, a causa de las largas horas pasadas al Sol y los numerosos chutes recibidos, unos pocos roces más no lo estropearían demasiado. Paró enfrente de un gran rellano, junto a él se encontraba una pequeña cabaña de vacaciones: madera oscurecida, puerta redonda, ventanas bajas y, sin luz. Parecía abandonada, al menos vacía, libre de inquilinos. Roberto cogió la pelota, y volvió sobre sus pasos, que lo llevaron al campo de fútbol que habían improvisado los niños del campamento, allí le estaban esperando sus amigos.
            A pesar de ser capitán del equipo, no tenía en su haber el récord de goles de aquel verano y, eso le dolía en su orgullo, a sus quince años quería ser el mejor, le encantaba aquel deporte que, había practicado durante tantos años, los recuerdos de infancia que más regocijo le proporcionaban, pertenecían a largas carreras, que acababan en la porterías del campo, bien protegiendo la propia, como atacando la de los contrarios. Los lances largos eran su especialidad, pero en el partido que se jugaría aquella semana, contra el equipo en el que competía su amigo Julio, que era ayudante de los monitores de un campeonato vecino; quería desmarcarse y ser él el protagonista, marcar tantos goles como pudiera. Así que dejó dadas las instrucciones necesarias a los chicos para que lo ayudaran a chulearse ante su amigo, que siempre presumía. Aunque, con simpatía, ante él.
La mañana anterior al partido, bajó de nuevo la ladera y decidido entrenarse solo en el llano que había frente a la cabaña, así, podría utilizarla como portería, sin temor de que al rebotar  la pelota marchará lejos; chuto una vez tras otra, centrando su puntería en la puerta, no debía sobrepasar el punto de las ventanas. _ ¡crack! ¡ crack! _ se oyó de repente, pero Roberto, no cesó en su empeño. _ ¡crack!_ se volvió a oír, aún así, él siguió. _ ¡crack! ¡crack!
¡crack!_ se oyó hasta doce veces, y entonces, paró  de repente y gritó _ ¡Doce a Malta!
Los cristales de las ventanas, estaban desparramados, por fuera, por dentro de la casa; pero Roberto solo podía pensar en sus doce goles. Mañana iba a ser un gran día, no tenía duda alguna; ya ajustaría cuentas con la cabaña, tampoco era un chico tan despreocupado.


lunes, 11 de junio de 2018

HUERTO DE ROMERO




                                                                                                                                                                Juan Bautista Romero Concha era mi nombre. El amor paternal que recibí, me preparaba un brillante porvenir.  Yo fui la esperanza y felicidad de mis padres, su mejor motivo para sonreír, su único y bien amado hijo, tras la muerte prematura de mis dos hermanos.
Pero la providencia en sus altos juicios probó su virtud arrebatándome a mí también la vida, por caer en mala gracia a los hermanos de mi amada, que sin pensarlo, no dudaron en asesinarme sin más, a mis veinte años recién cumplidos.
¿Qué iba a ser ahora de una de las mayores fortunas de Valencia, obtenida de la sedería? En una España aún convulsa por la no tan lejana guerra contra los Carlistas. Y a mí que más me daba. Yo solo podría  sufrir por mis padres, que prácticamente enloquecieron de pena y ahogaron sus lágrimas en el trabajo y la reclusión.
Llegó el aniversario de mi muerte y se celebraron unas multitudinarias misas fúnebres en la parroquia de San Martín, por mi descanso y paz eterna. Acertadamente fueron acompañadas por la música de Mozart, de la que tantas veces disfruté en mis horas de asueto.
Inmediatamente después de aquello, la pena se encarnó en compasión y comenzaron a obrarse maravillosos hechos en mi nombre y por mi memoria.
Era mi padre un hombre honrado y sabio, hecho a sí mismo, afortunado empresario, por su buena cabeza; hasta el punto de ser nombrado senador por la Reina Isabel II y ennoblecido por esta con el título de marqués de San Juan. Y fue este y su esposa Mariana, mi amada madre, los que encargaron construir   al ya creador de nuestro panteón familiar, su gran amigo Sebastián Monleón, un hermoso huerto con casita al estilo francés.  Él sabía de sus gustos y preocupaciones, era compañero de sus causas, como la protección   y ayuda económica que mis padres prestaban al Hospital General. Hasta el punto de llegar a promocionar la construcción de la actual plaza de Toros de Valencia, adelantando sus dineros, para que luego los beneficios obtenidos fueran a parar al mismo hospital, donde eran atendidos los vecinos más necesitados de la ciudad.
Antes de sus últimos años lograron crear su propio Asilo de San Juan Bautista o Romero y el proyecto del Hospital de santa Ana junto a él, acabado años después.
Fueron erigidos en el Paseo de Petxina, junto a otros edificios de la época dedicados al bien estar de los conciudadanos; entre ellos la Beneficencia y el Asilo del Marqués de Campos. Hoy lo que queda de ellos se transformó en Universidad Católica, museos y de más.

Pero no penséis que me he olvidado de mi huerto, pues a mi memoria está dedicado, aunque de huerto pasará a ser Jardín de Romero, por la belleza adquirida con los años. Mi padre no escatimó en absoluto para hacerlo digno de mí. Fue dotado con galerías, estanques, conjuntos escultóricos mitológicos, arboles exóticos traídos de todas partes del mundo ; incluso en uno de sus viajes a Madrid por ser él político , adquirió los dos  leones originales  del Palacio de Congresos, que aún no habían sido ni colocados en su escalinata; quizás fueron esculpidos con porte  demasiado joven para tal lugar y así es como desde entonces guardan  mi jardín ,   frente a las estatuas de  a la diosa Hebe y su cáliz,  portadora de la juventud  y la Musa Clío, sabedora de Ciencia e historia , que habitan en la fachada  de entrada al jardín  de mi palacete, que fue más que casa .
Gusto de saber que de seguro allí hubiera sido feliz entre mis leones, mi musa y mi diosa, a la que honro con mi eterna juventud. ¿Qué más puedo decir? Esta es mi historia, que lo fue porque yo ya no estaba, pero sin mí no hubiera sido. Acordaros de mi cuando veías una corrida de Toros en Valencia, cuando paseéis por el barrio de Petxina y sobre todo cuando vayáis a mi querido jardín, recordad que fue por un Romero, aunque ahora lleve el nombre de Monforte.  




BAJO BANDERAS




Gabriel Espinosa se tambaleaba, con el vaivén del barco, el sueño todavía lo perseguía, mientras asimilaba en su sesera la gran fortuna que habían tenido en esta toma de asuntos ajenos él y sus compinches, no siempre la información conseguida, poseía la importancia de la lograda en aquesta ocasión. Había pasado la noche precedida al embarque trotándole el anca a una daifa de pelo rojizo, en una mancebía cercana a las aduanas, qué mejor que despedir comanda jodiendo pues a madre o hija del enemigo.

Londres era una ciudad con demasiado empapamiento para sus huesos y se alegraba de haber emprendido camino hacía las más soleadas tierras españolas. Lejos quedaban los largos viajes llevados a cabo en su juventud, donde pudo conocer horizontes más lejanos, sus días en la Florida protegiendo los intereses de un comerciante cordobés, a la vez que su persona, eran los que más añoraba. Fueron muchos años sirviendo como bravo a Don Fernando Ríos en aquellos disímiles y salvajes parajes, no era un lugar tranquilo, la tribu Tequesta ocupaba aquellas tierras que los conquistadores quisieron rebautizar como bahía Vizcaína, eran escasos   y de arrestos los occidentales que decidieron buscar suerte en aquella latitud. Con el transcurrir de los años los continuos ataques de los ingleses que deseaban hacer suyo cuanto pisaban o dejaban de poseer, hicieron muy difícil sacar provecho alguno de su estancia allí, al arriesgado comerciante y su fiel hidalgo de ofició de valentía.  Así pues, llegó el momento de entregarles aquel incierto paraíso a las casacas rojas, tras el acuerdo de París el 10 de febrero de 1763. Aquello había significado muchos cambios tácitos en la vida de Gabriel.  Tuvo que volver al viejo continente junto con su patrón, el cual quiso la mala suerte que muriera durante la travesía, de unas malas fiebres.  Así que Gabriel a sus veinte años bien pasados se vio en la altura de encontrar otra ocupación, acostumbrado a la acción y a unas ciertas comodidades mínimas, decidió ingresar en el ejército de su ilustrísima majestad Carlos III.

Nunca se sabe si caer en gracia es igual o mejor que ser eficaz. Tras no mucho tiempo y más que suficientes demostraciones de sus apropiadas y astutas habilidades, acabó formando parte de la amplia red de espías que trabajaba bajo la supervisión del Marqués de La Ensenada, Don Zenón de Somodevilla, él y sus maquiaveladas eran más que respetados a la fuerza en toda la patria.

Viaje concluido, desembarcó veloz y a la montura de un trotón marcho rápido, cuánto antes soltara las perlas de su boca antes sería recompensado.  Cuando el de la Ensenada obtuvo la información transmitida por Gabriel, no dudo en compartirla con el Conde de Floridablanca, a pesar de sus más que pregonadas discrepancias, él sabía que Don José Moñino estaba a favor de una política enérgica contra Inglaterra y había que aprovechar al máximo la ocasión que se presentaba. El rival no lo es, si por ventura te ayuda a guardar la espalda.

Gabriel con su comanda concluida, de momento , quedó más que contento, al saber casi con certeza que  sus averiguaciones iban a servir para ayudar a los revolucionarios  norteamericanos  que luchaban  contra los ingleses,  nuestros  enemigos  históricos más aborrecidos, después  de la derrota  sufrida por la Armada invencible a principios del mes de agosto 1588 .Él sentía sin pretenderlo gran cariño por las tierras del otro lado del charco y estaba convencido de que a sus habitantes les iría mejor sin tener un rey a quien servir, no renunciaba al suyo, pero sabía cómo hombre más que vivido  de las ventajas de tenerlo lejos. Y más en una tierra que en verdad albergaba tantas identidades diferentes conviviendo a las duras y maduras juntas, y sin rejuntar, aunque sin mezclarse por ventura, ¡Pardiez, eso hubiera sido una barbaridad!



Unos pocos meses después, un doble convoy de navíos ingleses más orgulloso que livianos, partió desde el puerto de Portsmouth, para avituallar a las maltrechas tropas de ultramar acuarteladas en las Antillas que luchaban en la postrimería de la Guerra de Independencia estadounidense y ayudar en la costosa labor de la colonización de la India y sus territorios.  Las ordenes eran que cada cual siguiera su ruta llegado el momento, formaban una poderosa flota con más de trescientos cañones, había mucho que proteger, a parte de los intereses de la protestante corona.

No sé si por azar o destino, retorno a ser protagonista del conflicto entre los de aquí y allá un 9 de Agosto , en este caso de 1780. El Santísima Trinidad, Escorial de los mares, buque insignia de la Armada Española estaba bajo las órdenes de Don Luís de Córdoba veterano marino de más   setenta años que con ellos y todo era el más indicado para ocupar el puesto de director general de la armada, pues la valía no es razón de las que engaña. Este mandó virar el rumbo para encontrarse de frente con el escondido por las brumas convoy inglés, varias de las fragatas adelantadas a barlovento le habían hecho entender con sus cañonazos que el enemigo se acerca, despistado de todo mal. La orden fue tan de ingenio como clara, un farol fue encendido en el alto palo de trinquete y una tras otra las naves de su graciosa majestad Jorge III rey de Gran Bretaña e Irlanda fueron acudiendo hasta el Santísima Trinidad, como las moscas a la miel. Contando con la añadida fuerza de 27 navíos españoles y la ayuda de una flotilla francesa formada por 9 navíos y una fragata, más que suficientes instrumentos de escarmiento  para el rival, que no los esperaba.

La Royal Navy sufrió el peor ataque logística de su historia. Tan solo en arduo y largo día de batallar la Armada española había capturado 37 fragatas, 9 bergantes, 9 paquebotes por valor de más de 600.000 duros, que portaban 1692 hombres de equipaje, 1159 hombres de tropa y 244 pasajeros, entre ellos hombres de influencia. También se incautaron grandes cantidades de pólvora, uniformes y avituallamientos para miles de soldados. El botín en cuanto a oro se refiere fue extraordinario, alcanzando un valor de más de un millón de duros. Como no, la bolsa de Londres cayó tras la gran captura, incrementando así la más que merecida alegría de la victoria. No hubo duda de que Dios ese día estaba de nuestro lado, y habría que darle las gracias con tesoros y rezos.


El 20 de Agosto don Vicente de Doz y Funes jefe de escuadrilla de la Real Armada Española llegó al puerto de Cádiz con las presas y el botín obtenido en la gloriosa batalla, más de una razón había para el regocijo en la ciudad. Gabriel atraído por las recientes noticias acudió a la Tacita de Plata a celebrarlo a su manera. Pronto debería partir con una nueva misión, pero antes quería recrearse en el logro que creía tan suyo como de los otros marinos y soldados. Ensimismado en sus recuerdos, veía descargar los navios con el botín, mientras tomaba unos tragos de vino caliente en las mediaciones de los muelles del puerto de Santa María. En aquel momento deseó sobrevivir a la muerte en sus andanzas con más fuerza que nunca, para poder pasado un tiempo volver a aquellas tierras lejanas donde acaecido su juventud, incluso en permuta como a tal viajar más al norte, cierto era que, con su labor, aunque indirectamente estaba ayudando a formar una nueva nación, de la que no le importaría en absoluto ser poblador. Al fin y al cabo, la libertad es de quien la busca, no de quien la encuentra, y Gabriel no se sentía atado a nada ni nadie.