viernes, 7 de junio de 2019

PENITENCIA




Siempre ando con prisas, pocas ocasiones tengo para rezar a mis santos. Pero pasar por la iglesia y no entrar, para mí, es pecado. Un Ave María a la Virgen no cuesta nada de recitar.
Aquel día abrí la puerta, y el recinto estaba casi a oscuras, solo unas pocas velas lo iluminaban. No me hizo ninguna gracia, pero tiré para dentro. Me dirigía hacia el altar, y de pronto noté como caía en un agujero excavado en el suelo. Mi miedo, irracional, por las imágenes sagradas no me dejó fijarme en el mal paso que daba. ¡Castigo de Dios! 


DE AHORA EN ADELANTE


               En realidad no digo que fuera un sueño, al menos  corriente.
    Conducía despacio. Estaba a punto de tomar la salida habitual de la autovía,  para llegar hasta casa. Pero de pronto vi que el acceso estaba cortado. Desvié el volante y pare el vehículo  en seco, sin preocuparme de nada más. No tan  lejos  mío, había una especie de  altar improvisado, con flores y tarjetas, en homenaje a algún difunto. Junto a este,  triste y desmayado, medio dormitaba  un perro color marrón rojizo, de pelaje rizado y tamaño más que considerable. Delante suyo había un cartel en el que se podía leer: «De hoy en adelante quedo al cuidado de quien se apiade de mí». De inmediato me sentí obligado a recogerlo y hacerme cargo suyo. Tenía la  sensación de estar en deuda con el que fuera su dueño. Bajé del vehículo, me acerque, y pude observar que en realidad no había un solo perro sino dos más. Tres en total. Entonces pensé que se me estaba colocando ante una prueba de generosidad. ¿Qué iba a hacer? ¡Llevármelos sin más! Medite el tiempo justo y fui a por ellos. No me importaba su raza o situación, tan solo demostrarme a mí mismo lo altruista que era. No obstante hubo algo que llamó mi atención sobremanera. ¡Detrás suyo yacía un cadáver! El luminoso altar se convirtió en cueva  sombría, y de ella salieron  unos individuos, con mal aspecto, que no tenían otra intención más que asesinarme.  Me di cuenta rápidamente de que todo era una trampa, Qué esos indeseables estaban cazando personas, y los perros eran su cebo. Pensé en marcharme, pero sabía que no llegaría ni siquiera hasta el coche, que ya tenían en su poder. Y de pronto no me quedo otra acción más  que unirme a ellos,  convertirme en otra aberración humana. ¿Dónde quedaba todo lo bueno que había  en mí?
  La supervivencia nos convierte en monstruos, y a veces  los sueños se  invierten, creando  pesadillas.

martes, 4 de junio de 2019

EL LEÑADOR



                            

Llevaba  un hacha en la mano,  lo que le confería más aun un aspecto de rudeza. Sus músculos marcados no dejaban duda de que sabía manejarla dicha herramienta con destreza. Una vez fijado su objetivo, comenzó a golpear la dura corteza. En esa ocasión le había tocado en suerte talar un pino torcido, que corría peligro de derrumbe, ante cualquier inclemencia climática. Golpeó una y otra vez, con todas sus fuerzas,  hasta que logró hacerlo caer en el suelo, con un estruendo, quizá, demasiado sonoro. Ni era tan grueso, ni tenía tanta altura. Además gran parte de su tronco era hueco, de una manera inhabitual. Lorenzo, se arremango en extremo,  como quien acepta el desafío que le es concedido, bien por la naturaleza,  o Dios sabe por quién.  Reanudó su labor con el troceado en partes equitativas del recién caído. Una tras otra iban quedando expuestas ante él, hasta llegar a la sección más fácil,  la que poseía esa falta de madera en su interior. Pero al intentar corta de nuevo en profundidad el árbol,  la hacha no penetró. Había algo obviamente duro que se lo impedía; a la par que resonaba con tintineo. El muchacho se acercó expectante, y tras inspeccionar el cóncavo espacio, se dio cuenta de que no estaba vacío. En su interior brillaban multitud de alhajas, relojes y abalorios. Seguramente fuera el botín acumulado, a lo largo de los años, por algún malhechor local; negligente sobremanera, y cuyo escondite ahora quedaba al descubierto. Sacó unas bolsas de la furgoneta y comenzó a traspasar el tesoro encontrado, para así hacerlo suyo. Podría decirse que Lorenzo, el leñador, era un hombre afortunado.



viernes, 17 de mayo de 2019

DE MARTÍ Y RUBIO



LA ACADEMIA RUBIO ESTUVO EN LA CALLE TAQUÍGRAFO MARTÍ.

Somos una generación que conoce sobradamente la oración: Mi mamá me mima. Impresa en nuestra memoria por los cuadernillos Rubio. Pero también hay que mimar el recuerdo de la persona que los creo, y sus referentes.
Ramón Rubio ideó una serie de fichas con ejercicios, creadas para agilizar el aprendizaje de sus alumnos. Empleado de banca por las mañanas y profesor vocacional por las tardes, abrió en los años cincuenta del siglo pasado una academia de enseñanza media, en la Calle de Martí de la ciudad de Valencia. Hecho que no tuvo por qué influir en su éxito, pero que vamos a realzar en estas líneas, puesto que puede que encontrará en Francisco José Buenaventura de Paula Martí y Mora, más conocido como el taquígrafo Martí, un modelo al que imitar y por supuesto admirar.
Ambos fueron hombres que no se conformaron con los recursos de su tiempo, y lo intentaron mejorar en el ámbito académico y cultural con sus trabajos.
Por ejemplo uno de los muchos logros de Martí fue el primer dietario o agenda impresa en España, a la que titulo «Compendio del año 1807 y  libro de memorias», y al que le siguieron sucesivas ediciones, renovadas, hasta aproximadamente el año 1825.  En sus páginas se informaba, entre otras cosas, de los días festivos o de indulgencia plenaria, del número de habitantes de las diferentes provincias españolas y las distancias entre las principales ciudades de la península. Logro que debemos comparar con los cuadernos  de Rubio, en los que en un principio se enseñaba matemáticas, contabilidad y caligrafía, esta última ejercitada con el método de punteado; que pronto adoptaron la mayoría de las escuelas. 
Por otra parte Martí, fue el inventor de la taquigrafía española, a priori, y con posterioridad de la catalana, portuguesa, italiana y póstumamente de la de la música. Esta disciplina, conocida también como estenografía, consiste en el arte de escribir abreviado, con tanta velocidad como se habla y con la misma claridad que en la escritura común.  
¿Quién de nosotros no tomó, prestada, alguna vez la pluma estilográfica de su padre? Intentando caligrafiar, rápida y originalmente, su nombre y apellido. Asimismo la pluma-fuente fue diseñada y firmada, patentada, con anterioridad a los  ingleses, por Martí, qué desgraciadamente no supo darle la promoción adecuada, pero con la que escribió muchas de sus obras literarias. Toco casi todos los géneros, aunque solo vamos a nombrar, por no extendernos, «nunca debéis  faltar a la sinceridad, como se transmitía  en algunos de los cuadernos amarillos de Rubio», su tragedia en tres actos en verso titulada: El día dos de Mayo de 1808, en Madrid: y muerte heroica de Daoiz y Velarde.
De Paula Martí resulto un testigo de excepción en estos hechos, y por eso quiso retratarlos, en palabras, para que nadie los olvidara.
Por su parte Rubio no tuvo que enfrentarse a tales dramas, pero si afronto su tarea social, promoviendo dentro de su empresa, el aula Rubio Kids y la Fundación Cuadernos Rubio, que hoy en día tienen su sede en las instalaciones del grupo Rubio, en Quart de Poblet, gestionado por sus herederos.  








sábado, 11 de mayo de 2019

LA MANO DEL GEMELO.







TERESITA,  HIJA MIA

—Es la inscripción —le paso una fotografía a Rafa— que esta cincelada sobre la lapida.
En la imagen podía verse una antigua tumba. Probablemente debía datar de finales del siglo XIX. Pero en  su mármol no lucia fecha alguna de nacimiento o defunción de la niña, ni muestra alguno de pena o dolor por parte de sus familiares.
—¡Qué curioso! Nunca vi una mano, de bronce o no, impidiendo la salida de un sepulcro. —Sintió como el bello se le erizaba— No soy supersticioso, pero tampoco voy negar lo obvio. Hay cosas que no tienen explicación. ¿Verdad, Capitán?
—Déjate de misterios, y olvida de una vez el rango. Hace tiempo que desistí de darte ordenes. No somos hombres de disciplina. Ambos abandonamos el ejercito por propia voluntad.
»Bueno, tú más que yo. No entiendo por qué me seguiste a en mi derrumbe. Podrías haber elegido a cualquier otro. Uno que planificara  mejor sus batallas personales.
—El Capitán, me sale sin pensar, Vicente.
»¿Piensas que iba a perderme el momento, en que te dieras cuenta de que tu complejo de cacique colombiano, te venia dado por el excesivo e incontrolado consumo de ron y cocaína?
»Aguantarte era insufrible. Supongo que por eso te abandonó Emi. Agravando con ello tus vicios. Pero yo no soy de rendirme, y mucho menos contigo. Eres el único referente que respeto, a pesar de tus faltas.
»El padre que me tocó en suerte lo llevo enterrado en la memoria más honda. Bien lo sabes. No merece ni mención.
—Emi, no se marcho. Estoy seguro de que la hicieron desaparecer. Ella era mi «dulce» media naranja, y nunca me hubiera amargado a propósito.
»Por eso debemos correr esta loca aventura.
»A pesar de mis lapsus, recuerdo perfectamente que ella me habló de una leyenda, suya, familiar. Supo de ella por un antiguo diario heredado de su abuela. En él su bisabuelo, Gabriel, el indiano, contaba la historia de cómo hizo fortuna, importando tabacos habanos, desde una plantación que había pertenecido durante varias generaciones a la familia Canet.
»En aquella época seguía percibiendo la mayor parte de los beneficios obtenidos de esta, pero la gerencia de la misma había recaído en otra rama más escondida de la familia. Los dos hijos bastardos de su padre, ambos mestizos de piel canela. Gemelos, con tan diferente carácter que parecían no tener nada que ver.
—Si no fuera porque vivimos en el mismo apartamento, diría que esta noche te has vuelto a enganchar a una botella de ron de caña. Bien mirado, sería el licor perfecto para tragar el cuento de los Canet que me quieres embutir  —dijo Rafa escéptico.

Estaba a punto de caer la tarde. El cementerio parecía desierto. Aunque las tumbas guardaran silenciosas a sus inquilinos, una de ellas gritaba un secreto a voces. Tenía algo que esconder. No se agarra, con fuerza, aquello que no se pretende proteger. Y la entrada a la cripta parecía estar, sospechosamente, vigilada por la presencia de aquella misteriosa niña.
—Quieras o no voy a tener que contarte, antes de forzar la cerradura, el  supuesto desenlace del cuento, cómo tú lo llamas. ¡Aunque se trate de hechos reales, ya lo veras, te lo aseguro!
—Vamos, no te pongas nervioso. Solemos arriesgar mucho y obtener poco, y hace tiempo que necesito unas buenas vacaciones.
—Seré breve, no tenemos que tentar tanto a la suerte.
»Uno de los gemelos era malvado, cómo de película, en extremo. Practicaba vudú, y se llegó a creer que tenia tanto poder, que hizo que su sobrina, la hija mayor de su medio hermano, legitimado, enfermará de una extraña dolencia, en la que parecía tirar espuma por la boca y entornar los ojos hasta ponerlos casi en blanco.
 —No me digas, y esa niña se llamaba Teresita. ¡Qué coincidencia! ¡Vamos!
—Teresita Canet García, tía abuela de Emi, y fallecida a los doce años, tras un intento frustrado de sus padres, acompañados del sacerdote de San Francisco, de sacarle de dentro el demonio que la poseía, en las ocasiones que su malvado pariente practicaba los antiguos rituales de procedencia africana. La pobrecilla murió ahogada por su propia sangre, al moderes fuertemente la lengua en una de las intensas convulsiones que padecía, tras las siniestras conjuras pronunciadas al otro lado del Atlántico.
—¿Me estás tomando el pelo? Está claro que sufría ataques de epilepsia. Nada tuvo que ver ninguna maldición con su muerte.
—Yo hubiera pensado igual. Pero encontré el diario del bisabuelo de Emi, y en él, junto a una honda rasgadura en la gruesa encuadernación, había una anotación, hecha con su letra, del mismo día de su marcha. Donde se leían estas palabras: «Estoy segura de que la abuela tenia razón y de que Tobías ayudo a su hermanastro ,enviándole el dinero de la venta de la hacienda, para que este pudiera ganarse los favores eclesiásticos, y así salvar el alma de su hija. Pero algo me dice que los pesos no llagaron a hora, y todo sacrificio fue en vano. El noble gemelo murió a manos de su hermano, del que no se guarda ni nombre. Por lo visto no supo aceptar el estado de pobreza al que lo condenaban arrebatándole su aparente herencia, con falacias».

Oscurecía demasiado rápido. Con la distracción de todo aquel antiguo embrollo en sus mentes, comenzaron la tarea. La mano negra del guardián se partió por la mitad, un solo golpe de maza bastó para ello. También la horquilla reforzada hizo su trabajo con el cierra, gracias a la destreza de Vicente. Abrieron, no sin temor, las portezuelas, y de inmediato observaron un féretro de tamaño medio ocupando, en alto, el centro del habitáculo. En uno de sus lados, se encontraba, apoyada una figura, que sostenía entre sus brazos un cofre, abierto, lleno de monedas antiguas. Era el cuerpo, sin vida, de Emi. A sus pies, caída, brillaba, una llave.


   





martes, 26 de marzo de 2019

CORONAS




De todos es sabido que el poder lo desea hasta el más desdichado, ¡pobre de él! Y con mayor razón si este conlleva una corona sobre la cabeza, cuánto más pesada mejor, ¡qué tontura!
En particular nuestro protagonista, que bien podría haber sido el que inspiró con su nombre y formas al ilustre Cervantes, para crear al escudero más famoso de nuestra historia, nunca pensó, a pesar de su linaje, que pudiera heredar el reino de su padre, Ramiro II de León. ¡Tenía complejo de hijo olvidado! Para qué lo vamos a negar.
Comenzaré contando sus desventuras, que no fueron por la Mancha, sino por la ancha España, por el principio ¡cómo no!  Pero dejadme que me sirva de unos pocos cuentos para hacerlo, os aseguro que será más divertido, al menos para vosotros.
Nacido en tierras Leonesas, aún sin león heráldico, poco las vio y menos las piso. Su crianza desde infante le fue concedida, por reveses de la vida, ¡vete tú a saber! A Sancha, la hermana de su madre; fea, coja, muda y un poco testadura. Ambas procedían de Pamplona, pero casaron con hombres súper enfrentados, entre sí, por sus intereses. ¡Qué mal rollito! ¿No?
Así que creció en Burgos, ciudad dominada por Fernán González, el acérrimo enemigo de su progenitor. ¿Qué iba a ser de su persona? Iban tenerlo de criado ceniciento del castillo de por vida o lo esconderían en el más alto torreón para que nadie pudiera salvarlo. ¡Pues no! Lo alimentaron con dulces, codornices y carneros, al modo de la bruja pastelera, todo lo grasiento se le reservaba. Hasta convertirlo en un joven gordo, tan gordo, que no podía ni caminar. ¡O sea mórbido total! ¡Mira que las mentes llegan a ser retorcidas!
Por ejemplo su hermano mayor,  Ordoño,  el hijo guerrero y pródigo, querido y admirado de su padre, casó con la hija de sus criadores. No es que fuera un cerdo con casa de paja, ya lo sé, pero para el caso, casi daba lo mismo, en la boca del lobo estaba metido. Urraca se llamaba, como las pájaras inteligentes, que vuelan alto. Esa sí, supo ganarse los favores de victimas y cazadores, como Caperucita, y llegado el momento ¡zas! Se cubrió, y dejo que todo tomará matices de rojo sangre, ¿qué se podía esperar?
Muerto el suegro, muerta la rabia, ¿creíais? ¡Claro qué no! Aunque fuera por causas naturales, el hombre estaba arto de estorbar.  Sé unieron en liga Fernán, Sancha, Urraca y Toda ¡la que faltaba! Claro está. La abuela materna, reina de Navarra, "maléfica" como ninguna, que quería como reí de León a su nieto el morcillón burgalés, por encima del hermano, que no guardaba ni hilos, ni lazos consanguíneos con ella. Pero el ofendido Ordeño planto cara a su familia política y venció por el momento, repudiando a la pájara, para casarse con otra mujer más cantarina, que sin pretenderlo lo dejo seco en dos años, y lo tuvo que enterrar.
Agosto del 955 fue el mes en que Sancho el Craso por fin comenzó a gobernar en León, "por primera vez". ¡Habéis leído bien! Raudo y veloz como tortuga rompió relaciones con su infame tío, que no tardo ni un segundo en volver a urdir sus trampas cual coyote, alegando que el rey novato, como la cucaracha, ya no podía caminar, y que le faltaba una colita traviesa para poder engendrar. Y echo mano de su nuevo yerno, otro Ordoño, primo carnal este del gordo regente Sancho, que no podía hacerle frente, ni siquiera  mirarlo a la cara, ya que la relación entre sus padres había sido peor que la de Caín y Abel. El hermano no tan bueno abdicó en favor del bien común y  el hermano tan malo asumió el poder, encerrando al que llevaba la sangre de su sangre en una mísera celda, tras dejarlo ciego, y sin esperanza alguna. ¡Qué falta de escrúpulos, de verdad! No me extraña que el árbitro celestial, en esta ocasión tomara partido por los no tan nobles, debía de andar la mar de confuso.
Sancho tras perder el trono se refugió con su abuelita en una casita que esta tenía en los bosques de Pamplona. Lloró y refunfuño hasta que todos los enanitos mineros quedaron artos, y decidieron enviar emisarios al sur. Donde existía un reino dorado, bajo el mandato del califa Omeya, Abderramán III. En el que se obraban verdaderos milagros en los centros de adelgazamiento. El califa viendo las posibles ventajas de promoción en una alianza con Sancho le envió a su mejor especialista, para que le tomara las midas, en todos los sentidos. El médico que era un fenómeno le recetó unas vacaciones bajo su supervisión en la ciudad de Córdoba, pero lo que no sospechaba el desdichado era que nada más llegar le iban a coser la boca como a los burdos espantapájaros. Todo lo comía por pajita, era masajeado sin cesar y obligado a caminar durante horas. En su tiempo de asueto lo ponían a remojo para dejarlo maleable. ¡Torturas muy en boga con los años! Que sin duda obtienen un alta eficacia. La buena cuestión es que quedó hecho un príncipe azul, y con fuerzas encontradas, se dirigió de nuevo hacia su destino, logrando otra vez la corona de León.
Casóse con una dama muy mona y la regalo dos hijos con su nuevo vigor. ¡Quedaba pues asegurada la descendencia! ¡Ya era un hombre!  
Pero un día surgieron nuevos enemigos, esta vez de tierras galegas, y como feroz león los enfrentó, tras lo cual pidió pleitesía y acto de rendición. El conde Gonzalo le dio a Sancho I de León una manzana, por eso de favorecerle el régimen y mostrarle buena voluntad. ¡ Pero nada más lejos! Era como la madrastra disfrazada de ancianita, solo que con armadura y espada. No hace falta decir que nuestro pobre coronado murió, y en este cuento basado en hechos reales, sin remedio alguno.

#zenda #UnahistoriadeEspaña

     



sábado, 5 de enero de 2019

EL DUENDE CHASQUEADOR






La Navidad sin duda es la época de más trabajo para los duendes hacedores de deseos, pero debo incidir en un hecho que pocos conocen. No todos somos iguales, los hay que son trabajadores incansables, que crean con sus propias manos los objetos más variados e innecesarios, pues los de primera necesidad ya son recolectados por las hadas, en sus granjas de útiles, comedores de bosque y castillos de enseñanzas.
Mi don es diferente al de todos los demás, con un sólo chasquido hago posibles los sueños, de niños y niñas que lo merezcan. El gran problema de estos tiempos es que su nivel de aceptación es muy bajo, ya nadie o casi nadie cree en la magia de los sentimientos. Es una verdadera lástima no poder desarrollar el potencial con que fui obsequiado por culpa de la incredulidad. 
Pero estoy dispuesto a recorrer todos los mundos para cumplir mi misión.  No me rindo fácilmente, ni tampoco olvido mis misiones. Por eso llevo una púa clavada en el costado. Casi todos tenemos historias inacabadas en nuestro haber, a las que no encontramos solución en su momento preciso, pero a la que le hemos dado más de mil finales felices en nuestra conciencia. La mía lleva nombre de niña, Erina, dulce y traviesa a la vez, capaz de estar triste y efusiva en un mismo instante. Algo difícil de conseguir, para una criatura tan pequeña e instintiva. 
Quería  salir de la profunda cueva en la que vivía con su tribu. Sus padres no conocían otro lugar y se conformaban con ello, pero ella era diferente, había nacido con el afán de escalarlo todo; primero se ayudó del largo pelo de su padre para trepar por su espalda, luego del rabo de su perra Latí para montarla y más tarde quiso subir por las rocosas paredes enganchándose a las lianas de los árboles de miel. Estos son de corteza dulce como sus frutos, resbalosos por todos lados, húmedos reposteros de la naturaleza, no desean ser utilizados por los miembros del clan del Quinto pueblo,  ellos no fueron los que los plantaron, no entienden nada de sus cuidados, necesitan mucho mimo, por eso son tan especiales, casi los miembros principales del jardín de los Elfos. Quizás por eso son una variedad orgullosa. Segregan miel y más miel cuando los subterráneos pretenden alcanzarlos, negándoles la oportunidad de servirles de puente entre mundos.
Erina pertenece al planeta subterráneo, mas nunca le gustó no poder ver las estrellas de las que sus mayores le hablaban. También le contaron alguna de mis legendarias aventuras. Como yo siempre conseguía complacer a mis apadrinados. Pero deseos no son sueños, y no hay que confundirlos. 
Ella realizo el ritual de petición en la forma que le indicaron; siete vueltas en redondo, tres invocaciones, un gran salto y listo. Yo, aparezco sin más dilación, sin nombre, con mi puntiagudo gorro colorado, oigo las fases, chasqueo y el milagro se produce. Un barco que surca el mar con Andrina a bordo, garras de tigre para Fedegar, amor consentido entre dos incomprendidos. 
Pero jamás me permitieron ayudar a nadie a traspasar fronteras, ni siquiera yo me lo había planteado hasta entonces, Erina fue la primera en desearlo frente a mí, en voz alta, en su propio idioma, que tal vez no me fuera tan extraño, estoy seguro de que lo hable en otra vida. Me sentí confuso, afligido ante aquella situación injusta, todos deberíamos tener los mismos derechos, ya que tenemos los mismos deberes. Dar la esencia de nuestra vida al Universo convexo, somos su multiforme alimento, en un sistema de creación reciproco. 
Igual solo eran trabas, trampas para ponernos a prueba, a veces los seres supremos se empeñan en complicarnos la existencia. Por ello he llegado a esta conclusión, tras divagar sobre mis mil posibles soluciones felices, para el deseo de Erina. Aquel día solo supe pronunciar "Es un imposible, no puedo chasquear para ti".
Han pasado más de diez años de sombras y esas palabras aun retumban en mi mente, removiendo mis sentimientos, trastornando mis poderes, añadiendo la posdata de cobarde a mi actitud. ¡Cuánto ego para un ser tan anormal! En vez de centrarme en regalarle la visión de las estrellas a mi apadrinada, aunque solo fuera por un minuto. 
Hoy pasa cerca del planeta de superficie el cometa más brillante que se conozca, estoy seguro de que es una señal. A pesar de que Erina nunca volvió a pedirme nada, voy a chasquear fuerte y rápido para ella. Voy a concederle un árbol de miel volador, que no se encuentre en tierra de nadie, que se sienta tan unido a Erina, que la lleve hasta el gran pedazo de cielo que merecen los del clan del Quinto pueblo, siempre inmortal a su servicio, leal como mi recuerdo hacia ella.

―Al final el Duende chasqueador cumplió, padre, por fin voy a ver las estrellas. Tengo mi propio árbol de miel ¡y no resbala 
tanto!
― Nosotros, si queremos ver una, tan solo nos basta con mirarte a ti.



#zenda. #cuentosdeNavidad.                     

sábado, 8 de diciembre de 2018

UN SECRETO CON RIMAS





 


La amona se empeñó en ponerme Mari por nombre, aunque mi ama no estaba muy de acuerdo. Dice que es mejor dejar el pasado en paz. Quizá, sea porque  mi familia esconde desde antaño un secreto. A mí me han ido dosificando las pistas sobre este, desde que tengo uso de razón. Pero me estoy hartando, necesito respuestas, y ya. Por eso he decidido visitar el caserío familiar, aquí seguro que podré montar mejor el puzle que llevo dibujado, a medias dentro, en  mi cabeza.
En esta casa nunca se habló de política, ni nacionalismos, al menos delante mío. Aunque he de decir que la Ikurriña preside el salón principal, y esta es  mi primera pista; por pura deducción. «Rojo, verde y blanco, son los colores de Vasconia. Así trepando por los escalones, te remito yo, al más allá del pasado de esta historia».
Subo las escaleras a gatas en busca de algún detalle que me lleve al tiempo adecuado, y, descubro para mi sorpresa, un destacamento de soldados romanos, que me sirven de guías. Tallados en la base de los barrotes de madera de la baranda, todos ellos de un diminuto e insultante tamaño. Se encuentran situados en el sector izquierdo de la ascensión. Justo me indican el camino a la vieja biblioteca del aitona, donde todos los libros que podemos encontrar en ella están escritos en vasco. Ese hecho me hace pensar que esta es la segunda pista: «En tiempos de la romanización, eran más las conveniencias que la resistencia, a pesar de tener una lengua autóctona  más antigua que el latín. Extrajimos plata por salario. Obtuvimos moneda por botín».
Esta vez sí que me lo dejaron fácil. Está claro que tengo que ir al despacho  y rebuscar entre los cajones. Creo recordar que la amona escondió en uno de ellos la colección de monedas antiguas de la familia. ¡A ver! En este lado no, en aquel tampoco. Pues no queda otra, ha de ser en el central. ¡Bingo! Aquí está la cajita dorada, reliquia donde las haya. Solo con verla me vienen a la cabeza todos los cuentos que me contaba el aita de pequeña. Tenía que pagarle cada sesión de narración con una de estas monedas, sólo que él me las decía antes, para que así yo eligiera una. De ese modo podía ir escogiendo una historia especial para la ocasión. Casi todas guardaban una moraleja, pero en particular, me acuerdo de la última que me contó. Aunque no supiéramos en aquel momento que así fuera. Nunca acabé de entender la moraleja  que la acompañaba. Pero puede ser que ahora si le encuentre sentido. Sin duda es la tercera pista: «Quién cae en un pozo no debe trepar,  otro camino ha  de buscar. Las piedras del final de la senda todo lo van a explicar».
Queda claro el camino. Hacia el pozo que voy. Ahora solo tengo que bajar por él con cuidado. Pero primero que nada quiero asegurarme de tener cobertura con en el móvil, no quiero quedarme incomunicada ahí abajo, puede que luego no pueda subir tan alegremente como se debería. Sino porque se me incita a tirarme como aquel que dice de cabeza a un pozo. ¡Bueno creo que estoy desvariando un poco! Deben ser los nervios, los lugares oscuros y pequeños no me gustan nada. Espero que los dos meses de prácticas de escalada me sirvan para algo, aunque deben haber sido olvidadas por mis reflejos motores; porque  hace como dos años que las realicé. Paso a paso, apoyo bien, ya casi estoy. Por lo menos me he distraído pensando, socorridamente, en los atributos del instructor de trekking; qué buenorro estaba. ¡Uff! Toco fondo. ¡Seré tonta, necesito una linterna! Menos mal que los móviles de hoy en día sirven para todo, y que  llevo en la mochila una batería para poder recargarlo. ¡Anda si realmente si hay una senda; no me lo puedo creer! Cada vez se estrecha más, pero creo ver una luz al fondo. He llegado y yo solita, ¡qué valiente que soy! Va siendo hora de saber cuál es el gran misterio que me han estado escondiendo. Pero no veo ningunas piedras, ¿qué pasa aquí? Algo no cuadra. ¡Es verdad! Me hicieron memorizar una pista más: «Las aguas te servirán de velo. Si quieres leer te tendrás que mojar».
Eso querrá decir que debo cruzar los casi translúcidos torrentes de agua, que atraviesan la cueva, en su extremo más  cercano a la salida; supongo. ¡A mojarse se ha dicho! Qué rápido fue. Y ahora sí, aquí están las piedras, aunque más parecen las tablillas de Moisés, ¡qué lástima que nadie haya oído el chiste! Siempre me pasa igual con la poca gracia que tengo y la desperdicio en los peores momentos. ¡Lee, niña, lee!: «No le des nunca la espalda, ni le robes sus enseres. Le debes un respeto, por  ser ella, la madre de tus entrañas».

 —Afektua, otra vez el mismo sueño novelesco, se ve que me creo toda una aventurera!  Tendría que probar suerte de verdad, ¡total que puedo perder! Ya me han sido solucionadas las pistas por la providencia, y qué mejor ocasión que un día trece, cómo el de mañana para acabar de leer la inscripción, no habrá. Mejor dicho, para averiguar de una vez el secreto. Dicen que tanto las pesadillas como los sueños, se cumplen al pie de la letra los días doce más uno.  Justo a mi me faltan unas letras por leer. ¿Quieres leerlas conmigo? O mejor las lees tú por mí, dudo que los antiguos supieran cincelar braille. ¿Me oyes amor?
—Claro que si mi vida, tan solo es que me parece envidiable el buen humor con el que te levantas por las mañanas. 






#Historiasvascas #ZendaIpuinak





LEYENDAS DE HOY






      Demasiados zuritos y copas de chacolí, ya no tengo veinte años.
―Hoy tocaba Joango, durante la conferencia hemos removido historias del pasado que mejor hubiera sido callar.
― Seguro que tienes razón Eneko, pero me pesaban las apelaciones de los muertos, necesitaba darles un sentido a su ausencia, este es un pueblo fuerte, que perdona pronto, pero no olvida, simplemente aprende a convivir con el dolor.
―Quizás sea verdad lo que dices, pero no olvides tú tampoco que en muchas ocasiones nosotros hemos sido nuestro peores enemigos. No es bueno mirar atrás cuando aún hay persona con vida involucradas en el no tan lejano conflicto. Incluso con anterioridad al nacionalismo desatado, hubo quien fue asesinado por apoyar la Segunda República, antes y durante la Guerra Civil Española. Con ello pienso que nuestro país se rindió al nacionalismo de otros.
―¡Dejémonos de política! Somos puros como nuestra ancestral lengua y, no importa nada más. Euskal Herria es única y por lo tanto sus gentes también. Celebremos que estamos juntos, hace meses que no habíamos podido reunirnos, acabemos la noche con otro chacolí y un par de pintxos, mi estomago los pide. Siempre que vuelvo al pueblo se me abre el apetito, en todos los sentidos. Me he fijado hace  rato, que esa pelirroja de ahí no nos quita ojo. Pero creo que en esta ocasión tú eres  su objetivo. Tendré que cederte el honor de la conquista Eneko.
―¡Hola guapo! Nunca te había visto por aquí. Aunque hace pocos meses  que vivo por estos lares.
―Suerte la mía pues, al habernos encontrado.
―¿Tú crees? Te aseguro que puedo ser una chica muy mala.
― ¿Y eso, por qué, sin motivación alguna?
―Soy descendiente del terrateniente más duro que jamás vio esta demarcación  y una belleza mitológica, ¿puede haber mejor razón?
― La verdad, es que no. Lástima que antes oyera de refilón, durante la tertulia, que eres la nueva maestra de Euskera. ¡Quizás podrías darme clases de repaso!
―¿De qué?
―De lo que tú quieras.
―¡No te hacia tan atrevido, señor historiador! Mira que ser dos hermanos y dedicaros a la misma profesión. Con lo poco que me gusta a mi recordar ciertas cosas, y encima venís aquí a darnos lecciones de gratis.
Lesaka es el pueblo de mis antepasados, prometí honrarlo y volver a él, por lo menos una vez al año. Cuando era pequeño veníamos a rendir culto a la tierra y el caserío que nos otorgó  el principal de nuestros cuatro apellidos. Si, con cuatro basta o eso leí en El libro de los nobles linajes. Prefiero las comodidades de Vitoria–Gasteiz, al medio rural, es una capital que en ninguna medida resulta estresante.
―¡Vamos pues a conocer la guarida de los Azpilicueta y los grandes secretos de su linaje!
«El día para los del día, la noche para los de la noche»   
 ―Este es mi hogar familiar. No está muy lejos de la estación megalítica de Agiña. De niño me gustaba escapar allí , con mi hermano y nuestros amigos. Es un lugar genial para dejarse llevar por los mitos y leyendas de  Euskadi. Allí compartíamos nuestra creencia, o no,  en ellas. Supongo que tú si creerás, por lo que me has  dicho.

«La oscuridad no es buena aliada del miedo, yo lo sé bien, siento que me ahoga mi propio sueño, que no es tal, sino pura pesadilla. Estoy seguro de que el maldito Inguma ha vuelto a visitarme, durante esta noche. ¿Por qué olvidé recitar de nuevo la oración que me enseñó la amona? Quizás aún no sea demasiado tarde;  
         “Inguma,henauk hire bildur,
Jinkoa eta Andre Maria
Artzentiak lagun;
Zeruan izar,Iurrean velar,
Kostan hare,
Hek guztiak kondatu arte
Echaidela nereganat ager.”
Cada vez que duermo entre estas paredes mis temores vuelven a visitarme. Preferiría no tener  que enfrentarme a estas escapadas anuales, a este lugar. Sin quererlo me sume en una serie de pensamientos irracionales, que me hacen llegar a recrear hechos totalmente imposibles. Hoy por ejemplo oí como nombraban mi nombre repetidas veces ―¡Joango, Joango, Joango!―. No podría decir si la voz provenía de mis sueños o no, pero la imagen que le sucedió era espeluznante. Vi claramente unas patas de oca, cuyo cuerpo no les correspondía. Un charco de sangre, que brotaba de un bulto indefinible, aunque no entiendo por qué, me resultaba familiar. De pronto distinguí el brillo del cabello rojizo de aquella chica y, sin quererlo me acordé de la belleza que había acompañado hacía apenas una hora antes a mi hermano Eneko a la habitación contigua a la mía. Fue entonces cuando note la opresión con mayor fuerza en mi cuello.
Ahora no tengo excusa, tengo que actuar como el valiente hermano mayor y, asegurarme de que todo marcha bien. Sin duda no duermen. Voy a acercarme despacio a la puerta y pegare la oreja, a ver que oigo».
―Parece ser que te gusta mi pelo, pero no tires tanto, no es una trenza de montura. Eso sí, cabálgame rápido. Siento que pronto vamos a sumirnos en el éxtasis―.
«¡Qué exigencia! Yo con tanto gritar, no atinaba ni  una, y menos esta noche.»
―Tranquila que allá va, ¡ Aaaa, aaaa, qué intenso!―.
«Eso es pasarlo bien en el pueblo y, lo demás son tonterías.»
―¿Qué haces? ¡No me muerdas tan fuerte, me haces daño!―.
«Eneko se percibe entre asustado y excitado. Pero yo comienzo a estar preocupado. ¿Qué hago entro o no? ¡Maldita sea!»
―Perdonad que os moleste, ¡aunque, ya está bien de juegos por esta noche!
―¿Tienes miedo? Yo que creía que a ti igual también te apetecía un repaso.
―Gracias, pero no creo que sea lo más correcto.
―Otra vez dando lecciones de moralidad, cuando ni siquiera me habéis preguntado mi nombre. ¡Ah! Por cierto, me llamo Lamia, y no por las legendarias sirenas de la cultura vasca, sino por la princesa de Libia, la primera vampira de la historia.  


#Historiasvascas #ZendaIpuinak

           

martes, 27 de noviembre de 2018

MININAS.



 Siete más siete son catorce. Esas son las vidas que han salvado mis gatos, con tan solo su fija mirada parda.
No saben esconder su implícita curiosidad, para ellos es normal vigilar a los vecinos. Los días grises no salen, las nubes los castigan, porque yo soy incapaz de negarles nada. Hasta su comida es mejor que la mía. ¡Así de avispados están mis mininos!

Marta, pelo cano, caminar lento, gafas de culo de baso, sin ofender. Un miércoles cualquiera salió a hacer la compra, café, detergente y una revista para entretenerse. La soledad es muy mala por las noches.
Caminaba por la cera, paso junto a nuestra puerta y, Txiky salió a saludarla. Le gusta restregarse por las piernas de quien le cae bien. Los tres segundos que duraron las caricias a modo de saludo hacia mi gatita , la mayor, la libraron de ser atropellada por un coche, cuyo conductor iba pasado de copas. Consecuencia, el empotramiento de su vehículo en el escaparate de la tienda para todo del barrio, a tan solo quince metros de ellas dos.

Rubén, Sara y Pablo forman una de las familias más bonitas del barrio, a mi parecer. El año pasado Sara que es de gustos muy vintage, se empeño en usar un brasero, bajo mesa camilla, para calentarse durante los torneos de Play. Compartir afición, vicio, con el marido y el hijo debe ser lo mejor. La falta de costumbre a la hora de utilizar tales antiguallas, aunque modernizadas, la llevo a pasarse con la carga de carbón vegetal y acabaron todos amodorrados, casi inconscientes, pero con ganas de vomitar.
Lunes es una buena exploradora, con un potente olfato, yo diría que más desarrollado de lo normal, supongo que la juventud también la ayuda a estar en plena forma, en estos menesteres.
Le tocaba aquel día pasear por las terrazas del gran edifico de la esquina, justo en el ático, la ventana de la cocina tenía una leve apertura, lo suficientemente amplia para que una gata escurridiza como ella pueda entrar. Le encanta la sardina a la brasa que prepara mi madre en el chalet, y, allá que fue. Sardinas no habían, pero un aroma conocido tal vez. Paso de una habitación a otra buscando no sabia que. De repente encontró a los tres miembros del club del video juego, echados en el suelo, el sofá y junto la mesita del teléfono. El salón parecía un campo de heridos, sin lesión alguna. Eligio a Pablo como su primera opción  de entretenimiento, ya que al parecer allí no iba a comer. Es lógico buscara la compañía de un niño. Le atuso el pelo y lamio la cara, espabilándolo con su acción, este reacciono y tuvo conciencia el tiempo suficiente para poder marcar el 112, sus padres lo habían  aleccionado muy bien. Hay que estar espabilado para todo, le dice continuamente Rubén, su padre.

Germán es mi vecino preferido, me encanta verlo llegar del gimnasio, con el pelo mojado y, esa preciosa sonrisa suya, que casi te hace olvidar sus perfectos músculos. ¡Lo que daría por hacer ejercicio del bueno con él!
Txiky parece que intuye mi interés por este y, a veces creo que busca engatusarlo, pero no sé si por ella o por mí. Lástima que tenga novias, amigas con derecho a roce o si novias, no habéis escuchado mal. Tres para ser exacta, por eso yo no pierdo la esperanza de ser la cuarta y más importante en su vida. La química se nota sobradamente cuando hablamos en el rellano de cosas diarias o tomamos café, los viernes por la tarde en su casa, durante la sesión del club de lectura de la calle Atalaya. Solo somos dos miembros de momento, pero justamente por eso lo disfruto infinito, no hay nada que me guste más que leer, aparte de estar con. Es difícil encontrar a un hombre tan guapo e inteligente y, encima Germán sabe hacerse el interesante muy bien. Conmigo parece que juegue, de algún modo, al ratón y al gato. No dejo que me cuente nada sobre sus amoríos, porque pasaría a ser la típica confidente, exenta de polvos y, precisamente es lo último que yo deseo, porque deseo tengo para parar un tren. ¡Qué os voy a contar de las gatas en celo!
La pasada noche vieja Germán salió a celebrar el fin de año, una discoteca, con cena concertada en un restaurante céntrico, y barra libre después de las doce, cuando ya estas lleno de comida y bebida para reventar, pero siempre hay algún imbécil, perdón , digo valiente, que no hace más que tomar y tomar. No iba solo, algunos amigos lo imitaron y, su complaciente trió lo acompañaban también, las hay liberales y bisexuales, qué a más tocan y, la verdad hacen bien. ¡Ojala no fuera yo tan etero!
Los cuatro juntitos llegaron bastante afectados de madrugada, por lo visto la noche había sido muy interesante. ¡Qué envidia, y yo solita en casa! Sus reflejos no estaban para sustos, pero bien gordo que se lo llevaron. Apenas habían acabado de salir del taxi, cuando un atracador, disfrazado de payaso se les acerco con una pistola en la mano. Una de las chicas de Germán supo reconocer de inmediato que no era un juego, pues claramente el arma era de verdad, su condición de policía  local, la hacía entendida en el tema. Así pues sugirió que obedecieran al delincuente, sin necesidad por parte de este, de tomarse la molestia de dar ninguna orden. Solo pidio y con voz más baja que alta, que le entregaran todos sus objetos de valor.
Mi chico buenorro no podía conformarse ante tal agresión a su hombría y mientras sus acompañantes se despojaban de joyas y abrigos, él iba maquinando un plan. Pero su amor gatuno, mi Txiky acudió al rescate, junto a su fiel compañera Lunes, cual dos heroínas de película.
¡ Zas,zas,zas! Arañaron cuanto pudieron del atracador payaso las gatas, tras haber saltado desde la escalera colgante, prevista para los incendios. El pobre sinvergüenza se asusto tanto que soltó la arma sin querer, hecho que la chica policía, bien entrenada, aprovecho para reducirlo con dos golpes certeros y, luego colocarle las esposas, que hacia tan solo unas horas había utilizado para su propio placer.

Habréis adivinado que en este barrio nos van mucho los clubs. ¡Pues sí, la verdad! Tenemos uno de natación contra corriente, que fue inaugurado el día en que casi me quedo vacía en la vida, pues sin ellas dos, todo me sabría muy amargo.
Escenario la vega del rio del pueblo, protagonistas un niña sin educación alguna y, menos respeto por los animales aun, y mis dos mininas. La junta de vecinos había organizado una excursión, para ver si así todos éramos capaces durante un día de olvidarnos de los móviles, los ordenadores, las video consolas y de mas aparatos tecnológicos.
Recién acababa de dejar la bici apoyada en un árbol, Lunes y Txiky iba en la parte trasera, metidas en su cómodo traspontín, las deje sobre tierra primero que nada y me dirigí, por unos breves minutos, a hablar con el encargado de actividades, para ver en que podíamos ayudar. Mis gatas son muy artistas, yo diría que hasta saben cantar y bailar, pero puede ser que sea amor de madre adoptiva.
En eso que la traviesa, digo eso por no faltar, de Susanita cogió el trasportín y marcho de paseo, con complejo de caperucita o vete tú a saber de qué. Muy curiosa ella quiso saber qué tipo de viaje, podrían correr las pobres bestiecillas, metidas en aquella posible embarcación, si la colocaba sobre el tablero de madera que acababa de ver flotando sobre la orilla del el rio. Y más ancha que larga que larga deposito el trasportín sobre la madera flotante y, la empujo con toda su fuerza, para que comenzara la improvisada aventura. Los pobres animalillos notaron la sacudida de la corriente de inmediato y se pusieron a maullar desesperadamente. Todo fue tan rápido, que no podía creer lo que estaba pasando, corrí desesperada hacia la sección del rio donde se encontraban, pero su marcha era tan veloz, pensé que nunca las alcanzaría. Justo al pasar por delante de un tronco saliente que comunicaba con tierra la puertecilla de la ahogante jaula, se abrió, tras la maña de Txiky con sus uñas, no era lo primera vez que lo hacía, aunque si la única en que me puse contenta. Mis mininas saltaron rápidamente al troco y de allí corrieron hacia mí. Jamás había sentido sus poco intencionados arañazos tan gustosamente.
Pardas y blancas, Txiky con toques negros de madurez, la que les ayudo a saberles la vida, la experiencia, el saberse en riesgo. Lunes sabia por seguir a su hermana mayor. Nunca me he sentido tan orgullosa y preocupada, ni si quiera por mí misma. No solo salvaron otras vidas, sino también las suyas. Como dije quince en total, ¿o no dije catorce? Pero es que la mía, día a día también cuenta.