jueves, 28 de noviembre de 2019
Precipicio
¿Para qué aprendiste a reír?
Si lo ibas a hacer de mí.
Comparte conmigo
una foto y,
te escribiré una novela.
Pues recuerdo sitios,
en los que no hemos estado.
¡Vamos! Sube al tren,
y seremos amantes
en un precipicio, precipitado.
Crearemos caminos
nuevos.
Sin ningún reproche
a cuestas.
Tú lo llamaras
abrirse,
y,
yo lo llamaré
mimetizarse.
Pero sencillamente
será desarmar.
¡Diablos!

Habrá que poner de moda las sonrisas.
Aun cuando,
con cada una de ellas,
nos acerquemos más al cinismo.
Perdona mi ironía,
pero es que viene impresa
en mi forma de ver.
Por mucho que cambiemos
los cuentos,
la crueldad no va a dejar de existir.
Los malos siempre
encuentran un papel
en la vida.
Los buenos siempre
buscan la felicidad
en los otros.
Y yo sigo aquí,
haciéndome la misma pregunta.
¿Por qué quieres ser inmortal?
Si hasta el mismo Mefistófeles,
odia lo eterno.
Tengo una solución.
Mataré tus recuerdos y,
así serás reseteado.
Invadido por lo obvio.
Debes dejar que te ate.
El daño te hará más fuerte,
o, morirás de cierto.
La gente cómo tú
suele hacerlo de aburrimiento.
Arriesga tu conciencia.
Sabes que no soy tan gusano,
como para acabar contigo,
sin un buen remedio.
miércoles, 18 de septiembre de 2019
AMARILLO, VERDE Y AZUL
Confieso que me gusta hacer
viajecitos, más de una vez a la semana. Lo peor de emprenderlos es la debida organización,
lo sé, pero yo en ese aspecto soy muy meticulosa, no me gusta ver nada fuera de
su sección. Día a día voy colocando cada cosa en su sitio, y así a la hora de
la marcha todo es más rápido. A veces, sobre todo después de una celebración, se
me acumulan tantas trastos que ya no encuentro
lugar para ellos y, me veo obligada a adelantar el viaje, o incluso a buscarme
otro medio de transporte para llevármelos. Normalmente uso un carrito, ya que
los trayectos son cortos. Pero lo mejor de todo es la satisfacción que
encuentro con ellos. El punto final del recorrido suele estar repleto, es muy céntrico,
y eso se nota, aunque aquí una servidora siempre encuentra un hueco para darlo
todo. Al fin y al cabo para eso me desplazo hasta allí, y las veces que haga
falta, con tal de cumplir con mi deber de ciudadana del mundo.
Las zonas de reciclaje deberían
ser un viaje obligatorio para todos; papel o cartón, aceites, vidrios y plásticos,
tienen que pasar de útiles a reaprovechados.
#zenda #viajessostenibles
viernes, 7 de junio de 2019
PENITENCIA
Siempre
ando con prisas, pocas ocasiones tengo para rezar a mis santos. Pero pasar por
la iglesia y no entrar, para mí, es pecado. Un Ave María a la Virgen no cuesta
nada de recitar.
Aquel día abrí la puerta, y el
recinto estaba casi a oscuras, solo unas pocas velas lo iluminaban. No me hizo
ninguna gracia, pero tiré para dentro. Me dirigía hacia el altar, y de pronto
noté como caía en un agujero excavado en el suelo. Mi miedo, irracional, por
las imágenes sagradas no me dejó fijarme en el mal paso que daba. ¡Castigo de
Dios!
DE AHORA EN ADELANTE
En realidad no digo que fuera un sueño, al menos corriente.
La supervivencia nos convierte en monstruos, y a veces los sueños
se invierten, creando pesadillas.
Conducía despacio. Estaba a punto de tomar la salida habitual de la
autovía, para llegar hasta casa. Pero de pronto vi que el acceso estaba
cortado. Desvié el volante y pare el vehículo en seco, sin preocuparme de
nada más. No tan lejos mío, había una especie de altar
improvisado, con flores y tarjetas, en homenaje a algún difunto. Junto a
este, triste y desmayado, medio dormitaba un perro color marrón
rojizo, de pelaje rizado y tamaño más que considerable. Delante suyo había un
cartel en el que se podía leer: «De hoy en adelante quedo al cuidado de quien
se apiade de mí». De inmediato me sentí obligado a recogerlo y hacerme cargo
suyo. Tenía la sensación de estar en deuda con el que fuera su dueño.
Bajé del vehículo, me acerque, y pude observar que en realidad no había un solo
perro sino dos más. Tres en total. Entonces pensé que se me estaba colocando
ante una prueba de generosidad. ¿Qué iba a hacer? ¡Llevármelos sin más! Medite
el tiempo justo y fui a por ellos. No me importaba su raza o situación, tan
solo demostrarme a mí mismo lo altruista que era. No obstante hubo algo que
llamó mi atención sobremanera. ¡Detrás suyo yacía un cadáver! El luminoso altar
se convirtió en cueva sombría, y de ella salieron unos individuos,
con mal aspecto, que no tenían otra intención más que asesinarme. Me di
cuenta rápidamente de que todo era una trampa, Qué esos indeseables estaban
cazando personas, y los perros eran su cebo. Pensé en marcharme, pero sabía que
no llegaría ni siquiera hasta el coche, que ya tenían en su poder. Y de pronto
no me quedo otra acción más que unirme a ellos, convertirme en otra
aberración humana. ¿Dónde quedaba todo lo bueno que había en mí?
martes, 4 de junio de 2019
EL LEÑADOR
Llevaba un hacha en la mano, lo que
le confería más aun un aspecto de rudeza. Sus músculos marcados no dejaban duda
de que sabía manejarla dicha herramienta con destreza. Una vez fijado su
objetivo, comenzó a golpear la dura corteza. En esa ocasión le había tocado en
suerte talar un pino torcido, que corría peligro de derrumbe, ante cualquier
inclemencia climática. Golpeó una y otra vez, con todas sus fuerzas,
hasta que logró hacerlo caer en el suelo, con un estruendo, quizá, demasiado
sonoro. Ni era tan grueso, ni tenía tanta altura. Además gran parte de su
tronco era hueco, de una manera inhabitual. Lorenzo, se arremango en
extremo, como quien acepta el desafío que le es concedido, bien por
la naturaleza, o Dios sabe por quién. Reanudó su labor con el
troceado en partes equitativas del recién caído. Una tras otra iban quedando
expuestas ante él, hasta llegar a la sección más fácil, la que poseía esa
falta de madera en su interior. Pero al intentar corta de nuevo en profundidad
el árbol, la hacha no penetró. Había algo obviamente duro que se lo
impedía; a la par que resonaba con tintineo. El muchacho se acercó expectante,
y tras inspeccionar el cóncavo espacio, se dio cuenta de que no estaba vacío.
En su interior brillaban multitud de alhajas, relojes y abalorios. Seguramente
fuera el botín acumulado, a lo largo de los años, por algún malhechor local;
negligente sobremanera, y cuyo escondite ahora quedaba al descubierto. Sacó
unas bolsas de la furgoneta y comenzó a traspasar el tesoro encontrado, para
así hacerlo suyo. Podría decirse que Lorenzo, el leñador, era un hombre
afortunado.
viernes, 17 de mayo de 2019
DE MARTÍ Y RUBIO
LA
ACADEMIA RUBIO ESTUVO EN LA CALLE TAQUÍGRAFO MARTÍ.
Somos una generación que conoce
sobradamente la oración: Mi mamá me mima. Impresa en nuestra memoria por los
cuadernillos Rubio. Pero también hay que mimar el recuerdo de la persona que
los creo, y sus referentes.
Ramón Rubio ideó una serie de fichas
con ejercicios, creadas para agilizar el aprendizaje de sus alumnos. Empleado
de banca por las mañanas y profesor vocacional por las tardes, abrió en los
años cincuenta del siglo pasado una academia de enseñanza media, en
la Calle de Martí de la ciudad de Valencia. Hecho que no tuvo por qué influir en
su éxito, pero que vamos a realzar en estas líneas, puesto que puede que encontrará
en Francisco José Buenaventura de Paula Martí y Mora, más conocido como el
taquígrafo Martí, un modelo al que imitar y por supuesto admirar.
Ambos fueron hombres que no se
conformaron con los recursos de su tiempo, y lo intentaron mejorar en el ámbito
académico y cultural con sus trabajos.
Por ejemplo uno de los muchos logros
de Martí fue el primer dietario o agenda impresa en España, a la que titulo
«Compendio del año 1807 y libro de memorias», y al que le siguieron
sucesivas ediciones, renovadas, hasta aproximadamente el año 1825. En
sus páginas se informaba, entre otras cosas, de los días festivos o de
indulgencia plenaria, del número de habitantes de las diferentes provincias
españolas y las distancias entre las principales ciudades de la península.
Logro que debemos comparar con los cuadernos de Rubio, en los que en
un principio se enseñaba matemáticas, contabilidad y caligrafía, esta última ejercitada con el método de punteado; que pronto adoptaron la mayoría de las
escuelas.
Por otra parte Martí, fue el inventor de la taquigrafía española, a
priori, y con posterioridad de la catalana, portuguesa, italiana y póstumamente de la de la música. Esta disciplina, conocida también como estenografía, consiste
en el arte de escribir abreviado, con tanta velocidad como se habla y con la
misma claridad que en la escritura común.
¿Quién de nosotros no tomó, prestada,
alguna vez la pluma estilográfica de su padre? Intentando caligrafiar, rápida y
originalmente, su nombre y apellido. Asimismo la pluma-fuente fue diseñada y
firmada, patentada, con anterioridad a los ingleses, por Martí, qué desgraciadamente no supo darle la
promoción adecuada, pero con la que escribió muchas de sus obras literarias.
Toco casi todos los géneros, aunque solo vamos a nombrar, por no extendernos,
«nunca debéis faltar a la sinceridad, como se transmitía en
algunos de los cuadernos amarillos de Rubio», su tragedia en tres actos en
verso titulada: El día dos de Mayo de 1808, en Madrid: y muerte heroica de
Daoiz y Velarde.
De Paula Martí resulto un testigo de
excepción en estos hechos, y por eso quiso retratarlos, en palabras, para que
nadie los olvidara.
Por su parte Rubio no tuvo que
enfrentarse a tales dramas, pero si afronto su tarea social, promoviendo dentro
de su empresa, el aula Rubio Kids y la Fundación Cuadernos Rubio, que hoy en
día tienen su sede en las instalaciones del grupo Rubio, en Quart de Poblet,
gestionado por sus herederos.
sábado, 11 de mayo de 2019
LA MANO DEL GEMELO.
TERESITA, HIJA MIA
—Es la inscripción —le paso una fotografía a Rafa— que esta
cincelada sobre la lapida.
En la imagen podía verse una antigua tumba. Probablemente
debía datar de finales del siglo XIX. Pero en su mármol no lucia
fecha alguna de nacimiento o defunción de la niña, ni muestra alguno de pena o
dolor por parte de sus familiares.
—¡Qué curioso! Nunca vi una mano, de bronce o no, impidiendo
la salida de un sepulcro. —Sintió como el bello se le erizaba— No soy
supersticioso, pero tampoco voy negar lo obvio. Hay cosas que no tienen
explicación. ¿Verdad, Capitán?
—Déjate de misterios, y olvida de una vez el rango. Hace
tiempo que desistí de darte ordenes. No somos hombres de disciplina. Ambos
abandonamos el ejercito por propia voluntad.
»Bueno, tú más que yo. No entiendo por qué me seguiste a en
mi derrumbe. Podrías haber elegido a cualquier otro. Uno que planificara mejor
sus batallas personales.
—El Capitán, me sale sin pensar, Vicente.
»¿Piensas que iba a perderme el momento, en que te dieras
cuenta de que tu complejo de cacique colombiano, te venia dado por el excesivo
e incontrolado consumo de ron y cocaína?
»Aguantarte era insufrible. Supongo que por eso te abandonó
Emi. Agravando con ello tus vicios. Pero yo no soy de rendirme, y mucho menos
contigo. Eres el único referente que respeto, a pesar de tus faltas.
»El padre que me tocó en suerte lo llevo enterrado en la
memoria más honda. Bien lo sabes. No merece ni mención.
—Emi, no se marcho. Estoy seguro de que la hicieron desaparecer.
Ella era mi «dulce» media naranja, y nunca me hubiera amargado a propósito.
»Por eso debemos correr esta loca aventura.
»A pesar de mis lapsus, recuerdo perfectamente que ella me
habló de una leyenda, suya, familiar. Supo de ella por un antiguo diario
heredado de su abuela. En él su bisabuelo, Gabriel, el indiano, contaba la
historia de cómo hizo fortuna, importando tabacos habanos, desde una plantación
que había pertenecido durante varias generaciones a la familia Canet.
»En aquella época seguía percibiendo la mayor parte de los
beneficios obtenidos de esta, pero la gerencia de la misma había recaído en
otra rama más escondida de la familia. Los dos hijos bastardos de su padre,
ambos mestizos de piel canela. Gemelos, con tan diferente carácter que parecían
no tener nada que ver.
—Si no fuera porque vivimos en el mismo apartamento, diría
que esta noche te has vuelto a enganchar a una botella de ron de caña. Bien
mirado, sería el licor perfecto para tragar el cuento de los Canet que me
quieres embutir —dijo Rafa escéptico.
Estaba a punto de caer la tarde. El cementerio parecía
desierto. Aunque las tumbas guardaran silenciosas a sus inquilinos, una de
ellas gritaba un secreto a voces. Tenía algo que esconder. No se agarra, con
fuerza, aquello que no se pretende proteger. Y la entrada a la cripta parecía
estar, sospechosamente, vigilada por la presencia de aquella misteriosa niña.
—Quieras o no voy a tener que contarte, antes de forzar la
cerradura, el supuesto desenlace del cuento, cómo tú lo llamas.
¡Aunque se trate de hechos reales, ya lo veras, te lo aseguro!
—Vamos, no te pongas nervioso. Solemos arriesgar mucho y
obtener poco, y hace tiempo que necesito unas buenas vacaciones.
—Seré breve, no tenemos que tentar tanto a la suerte.
»Uno de los gemelos era malvado, cómo de película, en
extremo. Practicaba vudú, y se llegó a creer que tenia tanto poder, que hizo
que su sobrina, la hija mayor de su medio hermano, legitimado, enfermará de una
extraña dolencia, en la que parecía tirar espuma por la boca y entornar los
ojos hasta ponerlos casi en blanco.
—No me digas, y esa niña se llamaba Teresita. ¡Qué
coincidencia! ¡Vamos!
—Teresita Canet García, tía abuela de Emi, y fallecida a los
doce años, tras un intento frustrado de sus padres, acompañados del sacerdote
de San Francisco, de sacarle de dentro el demonio que la poseía, en las
ocasiones que su malvado pariente practicaba los antiguos rituales de
procedencia africana. La pobrecilla murió ahogada por su propia sangre, al
moderes fuertemente la lengua en una de las intensas convulsiones que padecía,
tras las siniestras conjuras pronunciadas al otro lado del Atlántico.
—¿Me estás tomando el pelo? Está claro que sufría ataques de
epilepsia. Nada tuvo que ver ninguna maldición con su muerte.
—Yo hubiera pensado igual. Pero encontré el diario del
bisabuelo de Emi, y en él, junto a una honda rasgadura en la gruesa
encuadernación, había una anotación, hecha con su letra, del mismo día de su
marcha. Donde se leían estas palabras: «Estoy segura de que la abuela tenia
razón y de que Tobías ayudo a su hermanastro ,enviándole el dinero de la venta
de la hacienda, para que este pudiera ganarse los favores eclesiásticos, y así
salvar el alma de su hija. Pero algo me dice que los pesos no llagaron a hora,
y todo sacrificio fue en vano. El noble gemelo murió a manos de su hermano, del
que no se guarda ni nombre. Por lo visto no supo aceptar el estado de pobreza
al que lo condenaban arrebatándole su aparente herencia, con falacias».
Oscurecía demasiado rápido. Con la distracción de todo aquel
antiguo embrollo en sus mentes, comenzaron la tarea. La mano negra del guardián
se partió por la mitad, un solo golpe de maza bastó para ello. También la
horquilla reforzada hizo su trabajo con el cierra, gracias a la destreza de Vicente.
Abrieron, no sin temor, las portezuelas, y de inmediato observaron un féretro
de tamaño medio ocupando, en alto, el centro del habitáculo. En uno de sus
lados, se encontraba, apoyada una figura, que sostenía entre sus brazos un
cofre, abierto, lleno de monedas antiguas. Era el cuerpo, sin vida, de Emi. A
sus pies, caída, brillaba, una llave.
martes, 26 de marzo de 2019
CORONAS
De todos es sabido que el poder lo desea hasta
el más desdichado, ¡pobre de él! Y con mayor razón si este conlleva una corona
sobre la cabeza, cuánto más pesada mejor, ¡qué tontura!
En particular nuestro protagonista, que bien
podría haber sido el que inspiró con su nombre y formas al ilustre Cervantes,
para crear al escudero más famoso de nuestra historia, nunca pensó, a pesar de
su linaje, que pudiera heredar el reino de su padre, Ramiro II de León. ¡Tenía
complejo de hijo olvidado! Para qué lo vamos a negar.
Comenzaré contando sus desventuras, que no
fueron por la Mancha, sino por la ancha España, por el principio ¡cómo no!
Pero dejadme que me sirva de unos pocos cuentos para hacerlo, os aseguro
que será más divertido, al menos para vosotros.
Nacido en tierras Leonesas, aún sin león
heráldico, poco las vio y menos las piso. Su crianza desde infante le fue
concedida, por reveses de la vida, ¡vete tú a saber! A Sancha, la hermana de su
madre; fea, coja, muda y un poco testadura. Ambas procedían de Pamplona, pero
casaron con hombres súper enfrentados, entre sí, por sus intereses. ¡Qué mal
rollito! ¿No?
Así que creció en Burgos, ciudad dominada por
Fernán González, el acérrimo enemigo de su progenitor. ¿Qué iba a ser de su
persona? Iban tenerlo de criado ceniciento del castillo de por vida o lo
esconderían en el más alto torreón para que nadie pudiera salvarlo. ¡Pues no!
Lo alimentaron con dulces, codornices y carneros, al modo de la bruja
pastelera, todo lo grasiento se le reservaba. Hasta convertirlo en un joven
gordo, tan gordo, que no podía ni caminar. ¡O sea mórbido total! ¡Mira que las
mentes llegan a ser retorcidas!
Por ejemplo su hermano mayor, Ordoño,
el hijo guerrero y pródigo, querido y admirado de su padre, casó con la
hija de sus criadores. No es que fuera un cerdo con casa de paja, ya lo sé,
pero para el caso, casi daba lo mismo, en la boca del lobo estaba metido.
Urraca se llamaba, como las pájaras inteligentes, que vuelan alto. Esa sí, supo
ganarse los favores de victimas y cazadores, como Caperucita, y llegado el
momento ¡zas! Se cubrió, y dejo que todo tomará matices de rojo sangre, ¿qué se
podía esperar?
Muerto el suegro, muerta la rabia, ¿creíais?
¡Claro qué no! Aunque fuera por causas naturales, el hombre estaba arto de
estorbar. Sé unieron en liga Fernán, Sancha, Urraca y Toda ¡la que
faltaba! Claro está. La abuela materna, reina de Navarra, "maléfica"
como ninguna, que quería como reí de León a su nieto el morcillón burgalés, por
encima del hermano, que no guardaba ni hilos, ni lazos consanguíneos con ella.
Pero el ofendido Ordeño planto cara a su familia política y venció por el
momento, repudiando a la pájara, para casarse con otra mujer más cantarina, que
sin pretenderlo lo dejo seco en dos años, y lo tuvo que enterrar.
Agosto del 955 fue el mes en que Sancho el Craso
por fin comenzó a gobernar en León, "por primera vez". ¡Habéis leído
bien! Raudo y veloz como tortuga rompió relaciones con su infame tío, que no
tardo ni un segundo en volver a urdir sus trampas cual coyote, alegando que el
rey novato, como la cucaracha, ya no podía caminar, y que le faltaba una colita
traviesa para poder engendrar. Y echo mano de su nuevo yerno, otro Ordoño,
primo carnal este del gordo regente Sancho, que no podía hacerle frente, ni
siquiera mirarlo a la cara, ya que la relación entre sus padres había
sido peor que la de Caín y Abel. El hermano no tan bueno abdicó en favor del
bien común y el hermano tan malo asumió el poder, encerrando al que
llevaba la sangre de su sangre en una mísera celda, tras dejarlo ciego, y sin
esperanza alguna. ¡Qué falta de escrúpulos, de verdad! No me extraña que el
árbitro celestial, en esta ocasión tomara partido por los no tan nobles, debía
de andar la mar de confuso.
Sancho tras perder el trono se refugió con su
abuelita en una casita que esta tenía en los bosques de Pamplona. Lloró y
refunfuño hasta que todos los enanitos mineros quedaron artos, y decidieron
enviar emisarios al sur. Donde existía un reino dorado, bajo el mandato del
califa Omeya, Abderramán III. En el que se obraban verdaderos milagros en los
centros de adelgazamiento. El califa viendo las posibles ventajas de promoción en
una alianza con Sancho le envió a su mejor especialista, para que le tomara las
midas, en todos los sentidos. El médico que era un fenómeno le recetó unas
vacaciones bajo su supervisión en la ciudad de Córdoba, pero lo que no
sospechaba el desdichado era que nada más llegar le iban a coser la boca como a
los burdos espantapájaros. Todo lo comía por pajita, era masajeado sin cesar y
obligado a caminar durante horas. En su tiempo de asueto lo ponían a remojo
para dejarlo maleable. ¡Torturas muy en boga con los años! Que sin duda
obtienen un alta eficacia. La buena cuestión es que quedó hecho un príncipe
azul, y con fuerzas encontradas, se dirigió de nuevo hacia su destino, logrando
otra vez la corona de León.
Casóse con una dama muy mona y la regalo dos hijos
con su nuevo vigor. ¡Quedaba pues asegurada la descendencia! ¡Ya era un hombre!
Pero un día surgieron nuevos enemigos, esta vez
de tierras galegas, y como feroz león los enfrentó, tras lo cual pidió
pleitesía y acto de rendición. El conde Gonzalo le dio a Sancho I de León una
manzana, por eso de favorecerle el régimen y mostrarle buena voluntad. ¡ Pero
nada más lejos! Era como la madrastra disfrazada de ancianita, solo que con
armadura y espada. No hace falta decir que nuestro pobre coronado murió, y en
este cuento basado en hechos reales, sin remedio alguno.
#zenda #UnahistoriadeEspaña
sábado, 5 de enero de 2019
EL DUENDE CHASQUEADOR
La Navidad sin duda es la época de más trabajo para los duendes
hacedores de deseos, pero debo incidir en un hecho que pocos conocen. No todos
somos iguales, los hay que son trabajadores incansables, que crean con sus
propias manos los objetos más variados e innecesarios, pues los de primera
necesidad ya son recolectados por las hadas, en sus granjas de útiles,
comedores de bosque y castillos de enseñanzas.
Mi don es diferente al de todos los demás, con un sólo chasquido hago
posibles los sueños, de niños y niñas que lo merezcan. El gran problema de
estos tiempos es que su nivel de aceptación es muy bajo, ya nadie o casi nadie
cree en la magia de los sentimientos. Es una verdadera lástima no poder
desarrollar el potencial con que fui obsequiado por culpa de la
incredulidad.
Pero estoy dispuesto a recorrer todos los mundos para cumplir mi
misión. No me rindo fácilmente, ni tampoco olvido mis misiones. Por eso
llevo una púa clavada en el costado. Casi todos tenemos historias inacabadas en
nuestro haber, a las que no encontramos solución en su momento preciso, pero a
la que le hemos dado más de mil finales felices en nuestra conciencia. La mía
lleva nombre de niña, Erina, dulce y traviesa a la vez, capaz de estar triste y
efusiva en un mismo instante. Algo difícil de conseguir, para una criatura tan
pequeña e instintiva.
Quería salir de la profunda cueva en la que vivía con su tribu.
Sus padres no conocían otro lugar y se conformaban con ello, pero ella era
diferente, había nacido con el afán de escalarlo todo; primero se ayudó del
largo pelo de su padre para trepar por su espalda, luego del rabo de su perra
Latí para montarla y más tarde quiso subir por las rocosas paredes
enganchándose a las lianas de los árboles de miel. Estos son de corteza dulce
como sus frutos, resbalosos por todos lados, húmedos reposteros de la
naturaleza, no desean ser utilizados por los miembros del clan del Quinto
pueblo, ellos no fueron los que los plantaron, no entienden nada de sus
cuidados, necesitan mucho mimo, por eso son tan especiales, casi los miembros
principales del jardín de los Elfos. Quizás por eso son una variedad orgullosa.
Segregan miel y más miel cuando los subterráneos pretenden alcanzarlos,
negándoles la oportunidad de servirles de puente entre mundos.
Erina pertenece al planeta subterráneo, mas nunca le gustó no poder ver
las estrellas de las que sus mayores le hablaban. También le contaron
alguna de mis legendarias aventuras. Como yo siempre conseguía complacer a
mis apadrinados. Pero deseos no son sueños, y no hay que confundirlos.
Ella realizo el ritual de petición en la forma que le indicaron; siete
vueltas en redondo, tres invocaciones, un gran salto y listo. Yo, aparezco sin
más dilación, sin nombre, con mi puntiagudo gorro colorado, oigo las fases,
chasqueo y el milagro se produce. Un barco que surca el mar con Andrina a
bordo, garras de tigre para Fedegar, amor consentido entre dos
incomprendidos.
Pero jamás me permitieron ayudar a nadie a traspasar fronteras, ni
siquiera yo me lo había planteado hasta entonces, Erina fue la primera en
desearlo frente a mí, en voz alta, en su propio idioma, que tal vez no me
fuera tan extraño, estoy seguro de que lo hable en otra vida. Me sentí confuso,
afligido ante aquella situación injusta, todos deberíamos tener los
mismos derechos, ya que tenemos los mismos deberes. Dar la esencia de nuestra
vida al Universo convexo, somos su multiforme alimento, en un sistema de
creación reciproco.
Igual solo eran trabas, trampas para ponernos a prueba, a veces los
seres supremos se empeñan en complicarnos la existencia. Por ello he
llegado a esta conclusión, tras divagar sobre mis mil posibles soluciones
felices, para el deseo de Erina. Aquel día solo supe pronunciar "Es un
imposible, no puedo chasquear para ti".
Han pasado más de diez años de sombras y esas palabras aun retumban en
mi mente, removiendo mis sentimientos, trastornando mis poderes, añadiendo
la posdata de cobarde a mi actitud. ¡Cuánto ego para un ser tan anormal! En vez
de centrarme en regalarle la visión de las estrellas a mi apadrinada,
aunque solo fuera por un minuto.
Hoy pasa cerca del planeta de superficie el cometa más brillante que se
conozca, estoy seguro de que es una señal. A pesar de que Erina nunca volvió a
pedirme nada, voy a chasquear fuerte y rápido para ella. Voy a concederle
un árbol de miel volador, que no se encuentre en tierra de nadie, que se sienta
tan unido a Erina, que la lleve hasta el gran pedazo de cielo que merecen los
del clan del Quinto pueblo, siempre inmortal a su servicio, leal como mi recuerdo
hacia ella.
―Al final el Duende chasqueador cumplió, padre, por fin voy a ver las estrellas. Tengo mi propio árbol de miel ¡y no resbala tanto!
― Nosotros, si queremos ver una, tan solo nos basta con mirarte a ti.
#zenda. #cuentosdeNavidad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)









